Bajo el cuidado amoroso de Dios

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Desde España/ Área: Pastoral de la Salud

Mary Esthefany García

hojuelasdeesperanza@gmail.com

Es verdaderamente sorprendente descubrir cómo Dios nos cuida con un amor atento y delicado, incluso en los rincones más íntimos de nuestros pensamientos y anhelos. Su presencia no es distante ni abstracta; por el contrario, se manifiesta de manera concreta, silenciosa y profundamente humana. 

En una de nuestras visitas, acompañamos a un paciente al que recientemente le habían retirado la traqueotomía. Por primera vez después de mucho tiempo, podía volver a comulgar. Al preguntarle si deseaba recibir la Unción de los Enfermos, su reacción nos conmovió profundamente: rompió en llanto. Entre lágrimas, expresaba que aquello era precisamente lo que más había deseado.

No podía contener su emoción. Decía sentirse profundamente amado y cuidado por Dios, como si el Señor hubiera escuchado un clamor que guardaba en lo más hondo de su corazón. También compartía cómo experimentaba el cuidado maternal de la Virgen María, sintiendo que, a través de quienes lo acompañamos, ella le regalaba su abrazo tierno y consolador. En ese momento, fuimos testigos de un misterio que nos sobrepasa: Dios actúa en lo pequeño, en lo sencillo, en lo que a veces pasa desapercibido.

Como nos recuerda la Escritura: “El Señor está cerca de los que tienen el corazón quebrantado, y salva a los de espíritu abatido” (Salmo 34,19). Dios no es indiferente al dolor ni a la esperanza humana; Él camina con nosotros y nos sostiene.

Oración final: Señor, gracias por tu amor fiel y cercano. Ayúdanos a reconocer tu presencia en cada gesto sencillo y a confiar en tu cuidado providente. Que, bajo el amparo maternal de la  Virgen María, aprendamos a abandonarnos en tus manos con fe y esperanza. Amén.