Ysis Estrella Roman

“El amor es paciente, es servicial; el amor no busca su propio interés.” (1 Co 13,4-5)

Hay momentos en la vida en que sentimos que algo se ha desgastado. Ocurre en el matrimonio, en la familia, en las amistades e incluso en nuestra relación con Dios. No siempre sucede como fruto de una gran crisis. A veces son las pequeñas heridas acumuladas, las palabras que no se dijeron, los gestos que dejaron de hacerse o el paso silencioso de los años, lo que va enfriando el corazón.

Muchas personas creen que el amor termina cuando desaparecen las emociones intensas de los primeros tiempos. Sin embargo, la experiencia demuestra que el verdadero amor comienza precisamente cuando se aprende a permanecer más allá de los sentimientos pasajeros. Amar no es solamente sentir; es decidir cada día buscar el bien del otro, incluso cuando hacerlo exige sacrificio.

La Sagrada Escritura nos presenta numerosas historias de recomienzo. Pedro negó al Señor tres veces, pero Jesús no lo rechazó. Después de la Resurrección lo buscó nuevamente y le hizo una pregunta sencilla y profunda: “¿Me amas?”. Con esa pregunta le ofreció la oportunidad de comenzar de nuevo. Así actúa Dios. No se queda contemplando nuestras caídas; siempre abre caminos para la reconciliación y la esperanza.

También en nuestras relaciones humanas llega el momento de recomenzar. A veces es necesario pedir perdón. Otras veces corresponde ofrecerlo. En ocasiones debemos volver a dialogar, escuchar con atención o recuperar detalles que habíamos descuidado. Ninguna relación permanece viva sin esfuerzo. El amor necesita ser alimentado, cuidado y renovado constantemente.

Lo más hermoso es que Dios no solamente nos pide amar; también nos concede la gracia para hacerlo. Cuando invitamos al Señor a entrar en nuestras relaciones, descubrimos fuerzas que no sabíamos que teníamos. Aprendemos a ser más pacientes, más comprensivos y más generosos.

Quizás hoy sea un buen momento para preguntarnos si existe alguna relación en nuestra vida que necesita recomenzar. Tal vez no podamos cambiar el pasado, pero sí podemos decidir cómo vivir el presente. 

Mientras haya amor, humildad y apertura a la gracia de Dios, siempre existirá la posibilidad de un nuevo comienzo. Porque el amor auténtico no se mide por la ausencia de dificultades, sino por la capacidad de levantarse una y otra vez para seguir caminando juntos.

Para meditar

* ¿Hay alguna relación en mi vida que necesita ser renovada?

* ¿Me cuesta más pedir perdón que concederlo?

* ¿Qué gesto concreto de amor puedo realizar esta semana?

Dios les bendiga siempre