Isabel Valerio Lora, MSc.    

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“La Naturaleza es la mejor maestra de la verdad.” San Agustín.

La naturaleza proporciona estímulos colores, sonidos, texturas y riesgos controlados, sin ella el desarrollo de un niño no es completo, ya que es uno de los mejores estímulos que existe, pues lo que un niño vive, toca, huele y siente entre los 0 y 12 años siempre lo recuerda.

En un estudio sobre el efecto moderador de la naturaleza, los investigadores José Antonio Corraliza y Silvia Collado, de la Universidad Autónoma de Madrid, concluyeron que cuanto mayor es la cantidad de naturaleza en el entorno cotidiano de los niños (próximo a su casa o a su escuela), menos es el nivel de estrés infantil y mayor su  capacidad de sobrellevar situaciones adversas.

Un estudio de la Universidad Exeter, en Reino Unido, estudió niños entre 2 y 4 años que jugaban al aire libre y encontró que el entorno natural protege la salud mental de los niños.

Otro estudio, refiere que los niños entre 8-12 años asocian la naturaleza con bienestar y salud. Los juegos en el patio, los recuerdos en el río o la playa se vuelven “su lugar seguro”, en términos emocionales.

Expertos en salud infantil y medio ambiente, consideran que nuestro país es privilegiado en entornos naturales. Siendo el segundo con más biodiversidad en el Caribe, lo que se traduce como un gimnasio natural gratis.

Nuestras montañas proporcionan aire puro y clima agradable, lo que se traduce en una buena salud pulmonar para los niños. Los ríos y cascadas, cuyas corrientes de aguas bajan la ansiedad y el estrés al instante.

Las playas y arrecifes ofrecen una terapia sensorial a través de la arena, la sal y las olas, con efectos calmantes. Los bosques y los parques bajan los niveles de cortisol, disminuyendo la irritabilidad, mejorando el sueño, el aprendizaje y la salud general.

Sol todo el año, tenemos el privilegio de obtener la vitamina D gratis, exponiéndose 20 minutos al sol diario, eso nos ayuda a dormir mejor y regula nuestro estado de ánimo.

Cuando el niño sólo conoce cemento y tecnología, su cerebro se aburre y su cuerpo se apaga. Usted no necesita llevarlo a la playa o al río todas las semanas: 5 minutos viendo árboles desde la ventana produce calma. De 20 a 30 minutos diarios en un patio, sembrando y cuidando plantas dentro de la casa, una vez por semana visita un parque.

Recuerde, cuando su hijo esté en contacto con la naturaleza, permite que explore, que trepe, que camine descalzo, que se ponga en contacto con la tierra, que sienta la textura de los árboles, que se ensucie, que explore y disfrute. Esa conexión le crea conciencia ambiental y le incentiva el hábito de cuidar el planeta.