Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.
Vamos a destacar cuatro experiencias formativas del futuro Juan XXIII, durante sus años como secretario de Radini – Tedeschi, obispo de Bérgamo (1905 – 1914). El amigo y protector de Roncalli, el cardenal Ferrari, arzobispo de Milán, denunció en 1908 los excesos de los celosos antimodernistas que descubrían herejes hasta debajo de las piedras “y se las apañaban para lanzar sospechas sobre personas que nada tenían que ver con el modernismo”. Esto no le ganó a Ferrari las simpatías de Pío X.
En 1908, Roncalli pasó tres días visitando al obispo Bonomelli en Cremona, quien le escribía a su amigo, el ex secretario de Estado de León XIII, cardenal Rampolla: a una crisis intelectual “no le responde con represión y medidas negativas”. El miedo no fomenta la investigación en la Iglesia, “los estudiosos necesitan una libertad sincera y provechosa”.
En 1908 Bonomelli ya miraba con esperanza a un futuro concilio ecuménico “donde se pudieran discutir con presteza, libertad y públicamente los grandes problemas de la vida religiosa”. Ese concilio, “dirigirá la atención del mundo hacia la Iglesia, estimulará la fe y abrirá nuevas vías para el futuro”.
Ese mismo año, Roncalli viajó a Roma con su obispo, junto a una delegación para felicitar a Pío X en el cincuentenario de su ordenación sacerdotal. Roncalli llevaba la bandeja con un generoso donativo en monedas de oro. Quedó impresionado de la ansiedad con la que Pío X hablaba de los tiempos peligrosos que se vivían y las trampas que el Mal ponía en el camino de los creyentes. Tan preocupado estaba Pío X que, ¡ni les agradeció su generoso regalo!
Los días 26 al 28 de abril de 1910, Radini – Tedeschi organizó un sínodo diocesano en su catedral, ¡el anterior se había reunido en 1724! Roncalli actuó de secretario. El sínodo no tenía nada de democrático, Pío X había prohibido todas las reuniones del clero. Con antelación, el canonista Radini – Tedeschi había preparado de su puño y letra todos los decretos. A la asamblea les tocaba aplaudirlos.
En aquellos años, todavía la Iglesia no tenía un Código de Derecho Canónico organizado, ocurrió en 1917. Las resoluciones se incorporaron en el código de derecho canónico diocesano. Más tarde, siendo patriarca de Venecia (1953 – 1958) Roncalli presidiría varios sínodos. Antes del Vaticano II presidió el sínodo de Roma.




