Cuando tenemos tres pesos
nos envuelve la privanza
porque quizás la bonanza
obnubila nuestros sesos;
y a ridículos excesos
vamos con facilidad
llenos de frivolidad
con desdén, con arrogancia
porque a veces la abundancia
nos llena de vanidad.
En la nueva situación
económica y social
parece ser esencial
hacer gran ostentación;
siempre con exhibición
de la mercurial fortuna.
compraríamos la luna
por ganas de presumir
y ese afán por consumir
no admite piedad alguna.
Extravagantes mansiones
carros de marcas lujosas
celebraciones fastuosas
exclusivas excursiones:
helicópteros y aviones
y desde luego que un yate
como todo buen magnate
que sale en la prensa rosa
con su historia fabulosa
digna de un escaparate.
La secuela del dinero
puede ser impredecible,
pero jamás imposible
que tome otro derrotero;
y aquel que no ha sido austero
manejando sus finanzas
recuerde que de asechanzas
está minado el camino
porque al final el destino
cobra caro esas andanzas.



