Insomnio gallístico

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El llamado gallerismo,

conocida actividad,

vive en nuestra realidad,

generando fanatismo;

un cultural atavismo,

más que una tradición;

para unos: perdición;

otros lo creen un deporte

que cuenta con el soporte

del dinero y la afición.

Son los gallos de pelea

los que centran la atención;

su cría y manutención,

cual proverbial odisea.

Todo aquel que los posea

invierte tiempo y dinero

para quedar de primero

y ser de todos la envidia,

cuando en la próxima lidia

se pronuncie el garitero.

Hay lugares especiales

para criar estas aves,

pequeñas o grandes naves

con protocolos marciales,

para que sean letales

en sus encuentros violentos.

Y en esos lances sangrientos,

de consecuencias funestas,

se hacen grandes apuestas

entre gritos y aspavientos.

Pero hay una situación

con un vecino gallero

y su ruidoso criadero

que afecta a la población;

pues los gallos en cuestión,

en permanente concierto,

mantienen el desconcierto

del ciudadano que en vilo,

y en zozobra, intranquilo,

pasa la noche despierto.

Sabe muy bien el trabajo

del cantío de los gallos,

y en este caso veo fallos

de quien cuida el casillero,

provocando el desespero

del cercano vecindario,

que con el tormento diario

acudió a la autoridad;

mas, no hay seguridad

de que termine el calvario.