Vanidad de vanidades, todo es vanidad. Eclesiastés (1:2)

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Cuando tenemos tres pesos

nos envuelve la privanza 

porque quizás la bonanza

obnubila nuestros sesos;

y a ridículos excesos

vamos con facilidad

llenos de frivolidad

con desdén, con arrogancia 

porque a veces la abundancia 

nos llena de vanidad.

En la nueva situación 

económica y social 

parece ser esencial

hacer gran ostentación;

siempre con exhibición 

de la mercurial fortuna.

compraríamos la luna

por ganas de presumir

y ese afán por consumir

no admite piedad alguna. 

Extravagantes mansiones 

carros de marcas lujosas 

celebraciones fastuosas

exclusivas excursiones:

helicópteros y aviones 

y desde luego que un yate

como todo buen magnate 

que sale en la prensa rosa 

con su historia fabulosa 

digna de un escaparate. 

La secuela del dinero 

puede ser impredecible,

pero jamás imposible 

que tome otro derrotero;

y aquel que no ha sido austero

manejando sus finanzas

recuerde que de asechanzas

está minado el camino

porque al final el destino

cobra caro esas andanzas.