José Jordi Veras Rodríguez
Hace unos años, mientras estaba presenciado a un amigo realizar su evento deportivo de un Ironman, en la parte que le tocaba del nado del mar, pude ver a lo lejos, cómo se detenía de forma estrepitosa y luego de unos minutos, continuaba su ejecución, y lo hacía de boya en boya, hasta lograr salir a la orilla.
Una vez terminado el evento, le pregunté como forma de curiosidad: ¿Qué le había ocurrido, que notamos que se había detenido, si era que le había dado un calambre en medio de su natación? Y nos respondió, lo siguiente:
“Mientras estaba nadando normal y a buen ritmo, para terminar a tiempo, comenzó a pasar por mi cabeza que me iba a ahogar, que no podría finalizar el nado y que no podría salir de allí ante la fuerza del mar. Y de repente, comencé a sentir que sudaba frío. Me entró miedo, casi pánico, y de repente me dije: “Tranquilo, tú vas a poder con esto, nada pasará, porque Dios está contigo, nada boya por boya, hazlo con calma y a la medida que puedas. Y así fue, como pude sacar todo lo que nublaba mi mente y hasta mi interior, y comencé a nadar tramo por tramo, hasta que retomé mi ritmo y llegué al final”.
Esto que le ocurrió a nuestro amigo, es algo parecido a lo que recordamos que le sucedió a Pedro y que los Evangelios recogen, ante una embestida del mar y del viento, ellos iban en la barca cruzando, cuando comenzaron a sentir temor, vieron a lo lejos una imagen que en principio no sabían de qué se trataba, si era un espíritu o qué. Es cuando Pedro preguntó, ¿eres Tú, Señor? Y Él le contesta, Soy Yo Pedro. Y él de nuevo, incrédulo, le dice: Si eres Tú, haz que camine hacia ti. Y Jesús le dice, ven hacia mí, y Pedro, comienza a caminar sobre el agua, pero de repente, comenzaron mayores vientos fuertes y el agua a ponerse embravecida.
Es en esa circunstancia que Pedro comenzó a llenarse de dudas, de miedo y el temor arropó todo su corazón, y la fuerza de la fe, de que la presencia del Señor, Jesús, sería más fuerte que todo aquello que le estaba atormentando y llenando de pavor. Pero, Pedro, terminó dando más fuerzas a sus dudas que a su fe, y se hunde y ahí pudo el Señor sacarlo de las profundidades. Y Jesús le dice: “Hombre de poca fe”.
¿Cuántas veces nos dejamos vencer por el temor a fallar o por no estar en control de lo que nos preocupa? A veces le damos mayor fuerza a todo aquello que nos nubla el pensamiento y las decisiones. Nos olvidamos por momentos que la verdadera fe, está cuando eres capaz de entregarte confiado, en todo lo que no está en tus manos. Si ya has luchado, porque todo pueda ser posible, nada sucede, lo que siempre debes tomar en cuenta que es en Él en quien debemos confiar de forma plena, sin darle cabida a la duda ni a la incertidumbre.
Es por esto que cuando hemos tenido situaciones muy difíciles, nos recordamos de lo que Pablo expresa en la Carta a los Filipenses, y mientras se encontraba, no en buena posición o en estabilidad, sino en prisión, escribió esto: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. (Filipenses: 4;13).
Son muchos los momentos que los cada persona pueda estar atravesando en tiempos como los que vivimos, tanto externos como internos, y es cuando con mayor ahínco debemos orar y no olvidar mensajes como el indicado más arriba, y que es ahí cuando nuestra fe debe ser probada, para afianzarla más en Jesús, y no permitirnos caer, porque estamos escuchando más el ruido de nuestros temores que la luz de nuestra fe.




