Allá en el reino de España 

un ex jefe de gobierno 

llevaba un tinglado alterno 

con negocios de patraña; 

pleno de ruin artimaña

el político en cuestión 

en su mercurial gestión 

usaba sus influencias 

sin importar consecuencias 

en su voraz ingestión. 

¡Tan internacionalista!

Quien en La Moncloa estuvo 

y de Venezuela obtuvo

de prebendas una lista;

decíase moralista

con sus éticas lecciones 

usando sus conexiones 

para montar una trama 

y con otro cronograma 

manipulaba elecciones. 

“Ser socialista (decía) 

es recibir muy poco …”

y en este tema tampoco 

la verdad resplandecía:

y más bien contradecía 

a quien fuera presidente 

en un complot evidente

mercadeando combustibles 

con ganancias imposibles 

en un papel indecente. 

Sus tentáculos globales

tocaron los continentes 

con negocios diferentes 

pero, en áreas esenciales;

y con esos capitales

formó su pequeño imperio

operando en el misterio 

en paraísos fiscales 

con empresas fantasmales 

más allá del hemisferio. 

La máscara se ha caído 

ha quedado al descubierto 

y le abruma el desconcierto 

notándose alicaído;

porque aquello acontecido 

con el costoso tesoro 

de minas y prendas de oro

es una afrenta al Estado

y una herida en el costado

a la moral y al decoro.