José Jordi Veras Rodríguez
Recordamos cuando éramos niños, lo que era convivir entre el barrio y las urbanizaciones, de los amigos que eran fruto de la vecindad y del diario vivir de cada familia y de cómo todo se iba convirtiendo en una gran comunidad. Y que a través del tiempo, esas familias compartían sus problemas y se ayudaban entre sí, porque eran la primera alternativa de ayuda.
Los hijos jugaban con los demás y era el tiempo que más se deseaba, tan pronto salíamos de las aulas. Lo mismo, esos sábados que eran tan esperados, porque era el tiempo de más ocio y daba la oportunidad de ir al amplio parqueo de lo que era el estacionamiento del Cine Doble y su Cafetería.
Cuando una de las familias salía por varios días, o fines de semana o fuera del país, el que podía en su momento, daba la información a los vecinos, que ya eran parte de una comunidad, para que le “echaran un ojo a la casa” y esto daba tranquilidad y confianza, porque sabíamos que se comportarían como parte del hogar.
O cuando teníamos la oportunidad de compartir la nueva música o película, como aquella de “Fiebre de Sábado por la Noche”, o el inicio de lo que luego se convertiría en una saga, “Star Wars”, y todos queríamos protagonizar las mismas, siendo las actrices y actores. Desde ahí se veía el grado de inocencia que poseíamos.
Teníamos al Este, Norte y Sur, la Iglesia de Nuestra Sra. de las Mercedes de un lado, y el Cine Doble del otro.
Era en Los Jardines, Proyecto, en el que vivían músicos, como Aris Rosado, que en su propia casa se realizaban los ensayos de su orquesta. Médicos, como el Dr. Bernard Jorge. O comerciantes como Don Viterbo. O banqueros como el distinguido, Simón de Castro y también recordar, a Don Pandelo, que por años trabajó en la Tabacalera.
Asimismo, aún se podía escuchar en horas de la comida, las alocuciones de “Tres Patines” o el capítulo enlatado del “Chavo del Ocho”. En fin, hoy viendo en retrospectiva todo aquello, sabemos que fuimos privilegiados, porque vivimos una época que difícilmente volverá, donde había mayor empatía, solidaridad, respeto, confianza y confraternidad.
En aquellos tiempos, los barrios más conocidos, como Los Pepines, Pueblo Nuevo (que siempre fue caliente, por la política), el Barrio Libertad, La Joya, entre otros, siempre tuvieron en los clubes barriales las cajas de resonancia, por medio de las cuales, los temas relacionados con los comunitarios, incluyendo los problemas familiares, se buscaba resolver por medio de éstos.
Y si había algo que requerían como servicio público de algún estamento del Estado, también eran quienes daban la cara y de ellos también salieron todas las actividades culturales, del arte y del deporte.
Sin embargo, todo ha cambiado hoy. Ya no se tiene la gran oportunidad de desarrollo y que los muchachos crezcan en comunidades donde existe la convivencia real, sana y de confianza. No existe la misma empatía, porque en gran medida, hoy solo se visualiza el individualismo.
Hoy existen lugares donde habitan las personas, son edificaciones verticales y el convivir ya no es tan placentero, porque el espíritu por lo regular es de que cada quien que se la resuelva como puede, y más si no están organizados legalmente. Si hay algo que reparar, eso se convierte en un verdadero desafío, porque si no corresponde con la situación particular, entonces lo colectivo no nos importa.
Hemos perdido eso de que el vecino es nuestro primer familiar, porque hemos dejado de pensar que lo que le sucede al otro, también es nuestra situación, de pensar como una familia grande y tenemos que marcarlo todo por vía de reglas de juego o estatutos, porque ya la palabra dada o el debido respeto a la buena comunidad se ha perdido.
La educación de hogar se ha ido perdiendo, porque en la misma medida que se ha resquebrajado el clan familiar, como fuente de muchas de las directrices que marcan nuestros hijos y nietos.
Y claro que hemos cambiado, pero no porque el mundo es más avanzado o moderno, porque esto lo único que ha demostrado es que ahora estamos más alejados uno de otros, hasta dentro de un mismo hogar.
Entonces, claro que hemos cambiado. Porque el reflejo de todas estas falencias se puede ver en cada situación social, económica, y política que vemos a diario.
Claro que somos otro tipo de sociedad, y que no ha cambiado para mejor.




