Isabel Valerio Lora, MSc.   

isabelvlora@gmail.com 

Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”. Viktor Frankl. 


La psicología tradicional y la sociedad han comenzado a estudiar  el rol  que desempeñan las tías sin hijos. Ellas tienen un rol muy importante: No son mamás (ni pretenden sustituirlas) pero son refugio, confidentes, la que escucha sin juzgar. Y eso  trae cosas que a veces pesan.


Muchas tías sin hijos suelen sufrir un duelo silencioso: Cuando deseaba tener hijos y no llegaron, o cuando por diversas razones no puede tenerlos, la familia y la sociedad le insisten con “¿y tus hijos, para cuándo?”. Esa presión constante va haciendo sus estragos a nivel psicológico, va creando en muchas mujeres un sentimiento de vacío, un auto reproche de que le falta algo, que ha obtenido muchas cosas en la vida, que se sienten incompletas,  etc.

Las tías suelen ser el soporte de todos: Desde estar para los sobrinos, familiares, ayudar en las crisis, enfermedades, problemas… pero, ¿quién está para ella cuando algo no anda bien con ellas?

Los sentimientos de culpa y las comparaciones: Pensar que debería ayudar más,  pensamientos y sentimientos de “no soy tan importante como la mamá”, y  anticipar sus conductas con: “me van a dejar sola cuando sea mayor”.

Brindan amor sin autoridad: Querer a los sobrinos como hijos es un privilegio, pero también trae sentimientos de nostalgia, aunque los quieres con toda el alma, no puedes llamarle la atención ni hacerle ver cuando fallan, porque ese no es tu rol, el rol de padre y madre. Cuando sientes que no te están considerando a medida que crecen, pasan los días y si te llaman es para que hagas un favor o para que le compres algo.

Por todo eso, las tías sin hijos deben:
Aprender a validar su rol:
Recuerda, no eres “la tía que no tuvo hijos”. Eres la tía, punto. Tu vínculo con tus sobrinos no vale menos. De hecho, muchas veces eres la adulta segura a la que van cuando no pueden hablar con sus papás. Eso es maternidad/paternidad elegida y tiene un valor enorme.
Desde el amor aprender a poner límites claros:

Apoyar a la familia no significa anularte. Está bien decir: Tengo un compromiso, hoy no puedo cuidarlos, los amo pero no puedo pagar todo yo, no quiero dar explicaciones de por qué no tengo hijos, cuidarte debe ser tu prioridad.  

Tener tu propia red de apoyo:

Busca otras tías, amigas sin hijos, o grupos donde no tengas que explicar tanto.

La terapia psicológica: Puede ser de gran ayuda para trabajar aquellas distorsiones cognitivas que se han ido formando con el tiempo, aprender a lidiar con la presión, los sentimientos de culpa y encontrar otros propósitos de vida.