Manuel Pablo Maza Miquel, S.J
En 1914, Roncalli se encontraba en Roma, acompañando al Rector del Seminario para revisar sus finanzas ante el Cardenal De Lai. A punto de partir, el Cardenal le pidió a nuestro Ángelo Giuseppe Roncalli, futuro Juan XXIII, que se quedara con él unos minutos. El Cardenal aprovechó para aconsejar a Roncalli: “Profesor, por favor, tenga cuidado al enseñar la Escritura”.
Roncalli se encontró demasiado indignado para explicarle a su Eminencia, que ¡él nunca había enseñado Sagrada Escritura! Su docencia se centraba en la historia de la Iglesia, la apologética y los Santos Padres.
Roncalli estaba angustiado. Fue a la iglesia del Gesù, de los jesuitas, a orar y renovar los compromisos que mantenía desde su juventud.
Al día siguiente, junio 2, le escribió al Cardenal, aclarándole que él nunca había enseñado Sagrada Escritura, reafirmando su “fidelidad a las directrices de la Iglesia y del Papa, siempre y en todo”.
El Cardenal le respondió el 12 de junio: “Me apena que usted se inquietara tanto por mi consejo. No era una amonestación, sino un aviso saludable.” Este era el verdadero motivo del Cardenal: “según la información que me ha llegado, he sabido que usted ha sido lector de Duchesne y otros autores sin freno y que en algunas ocasiones usted se ha mostrado inclinado a esa escuela de pensamiento que tiende a vaciar el valor de la tradición y la autoridad del pasado, una peligrosa tendencia que conduce a consecuencias fatales”.
De Lai era avezado en escribir ese tipo de carta que dejaba al destinatario presa de aprehensión.
Roncalli respondió el 27 junio: “No creo que esa información provenga de nadie que me conozca bien”. Solo había leído unas 15 páginas del primer volumen de Duchesne en el original francés, nada de los otros dos. No conocía la traducción al italiano de Turchi, que había sido su compañero de seminario, pero nunca cercano. En más de una ocasión, recuerdo haber expresado a mis compañeros “mi desconfianza y antipatía hacia él”.
Pero probablemente fue Roncalli quien escribió en La Vita Diocesana una página sobre Duchesne. Entonces, el libro tenía “el imprimatur” de Roma y había sido elogiado por Benigni, gran cazador de modernistas.
El 20 agosto de 1914 falleció Pío X. El 1 noviembre, en la encíclica Ad Beatissimi, Benedicto XV acabó con las intrigas antimodernistas.




