Por: Isabel Valerio Lora, MSc.
“No hay peor tormenta que aquella que llevamos dentro”. Autor desconocido
Las vacaciones escolares se promueven como un período con más tiempo libre, menos presión académica y mucho descanso, pero es justo esa combinación que puede alterar la salud mental de muchos adolescentes y pasar, muchas veces desapercibidas por los padres.
Enfoquemos los factores que suceden en las vacaciones:
- Los días se convierten en una mañana tarde, su hijo se levanta a puras ganas de comer, sin nada preestablecido para el día. O sea, las rutinas estructuradas que tenía durante el período escolar, no las tiene y eso crea inestabilidad emocional.
- La ausencia de supervisión y la falta de límites claros puede provocar una sensación de angustia y desesperanza, “no sé qué hacer, me siento mal y no puedo ni quiero explicar lo que me pasa”.
Esas son algunas de las frases que escuchamos en consulta, cuando una madre lleva a su hijo a consulta, porque nota que algo le está pasando, refiere que casi no habla, come poco, interactúa cuando es necesario y que evita contacto visual, que responde a veces mal y otras solamente dice “no pasa nada”.
Como refiere la psicóloga clínica Claudia Szita, “la depresión no descansa cuando llegan las vacaciones”. Los cambios de ritmo hacen que emerja el desánimo, la irritabilidad y el aislamiento.
Conductas problemáticas como: descuidar la higiene y el cuidado personal, incremento del desorden en la habitación, encierros prolongados, más de lo habitual, comer en exceso y exponerse todo el día al teléfono o televisor. Son conductas que intentan regular el malestar emocional.
El cerebro del adolescente tiene poca tolerancia a la frustración. Si ve una publicación en redes de un amigo que está supuestamente en un viaje y está pasándola bien, su malestar aumenta, quiero vivir eso pero no puedo. Esa felicidad del otro, causa en él sentimientos de envidia, malestar y tristeza, que no siempre se saben gestionar.
Un estudio del 2025 arrojó estados depresivos y ansiosos durante las vacaciones, en adolescentes de bajos recursos, el mismo reporta: sensación de soledad, pocas actividades físicas, sensación de no tener nada que hacer y percepción de no tener sus necesidades básicas cubiertas. Muchas de esas conductas, son normalizadas como rebeldías.
Las señales de alarma para buscar ayuda psicológica son: si el estado de ánimo se mantiene bajo, si hay cambios importantes en los patrones de sueño y descanso, si verbaliza falta de interés por la vida o por estar vivo, si inicia con el uso de sustancias psicoactivas o aparecen conductas de autolesiones.




