La dignidad humana como base de la libertad y la igualdad

0
8

(2 de 2)

Padre William Arias

La doctrina católica sobre nuestro tema encuentra su arraigo mayor, y a partir de ahí cualquier postura o decir, en la constitución “Gaudium et Spes”, del concilio Vaticano II. La antropología que allí se enuncia y sustenta dicho documento, toma como base los criterios bíblicos y teológicos que hemos enunciado acerca de la dignidad humana, partiendo del aforismo del hombre como persona (GS 12-16).

Al enunciarse el término del hombre como persona, hay que dirigir la mirada a lo que caracteriza ese personal de esta criatura de Dios hecha a su imagen y semejanza, en otras palabras, en qué deviene todo aquello que podemos decir acerca de la dignidad humana, y lo primero que encontramos, al decir de Sartre es que el hombre es un ser libre por esencia, por lo tanto la libertad aparece como una de las primeras categorías o condicionante en la que se encuentra envuelto el tema de la dignidad humana.

Libertad que nunca será total y absoluta, siempre será parcial y limitada, pero la cuestión es que la parcialidad debe ser propiciada, protegida y respetada, pues cualquier usurpación del espacio y de impedimento de realización, iría contra de la naturaleza propia del hombre, de ser un ser creado en libertad, es decir, con una dignidad que le es propia y dada, no por ninguna instancia mundana o suya, sino por el que lo hizo posible entre nosotros: el Dios creador y cristiano a quien seguimos.

Entonces ser persona, en libertad, dignidad, nos lleva al plano de los derechos, pero sin olvidar los deberes. Por eso el tema de la dignidad humana, como señalamos al principio, tiene que ver mucho con el asunto de los derechos humanos, connaturales al ser humano, no porque lo haya declarado una institución de índole mundialista. 

El hombre creado por Dios, para vivir la libertad de los hijos de Dios y de manera digna, tiene múltiples derecho que van de lo meramente inmanente, hasta llegar a la esfera de lo trascendente, y en ellos incluimos el derecho a profesar su fe, en lo que llamamos el universo religioso del mundo de hoy, pero sin olvidar ciertas matizaciones.

En nuestros inicios, desde esta isla se hizo mediante el sermón de Montesinos, el primer llamado en América Latina a reconocer la dignidad humana en todo ser humano. Cuando aquel monje dominico, en nombre de su comunidad, elevó su voz diciendo, que los indígenas tienen almas racionales. En otras palabras, quiso decir que estos hombres tenían una dignidad humana, la cual debía de ser resguardada y respetada, y la vil explotación que de ellos se hacía, no tenía cabida en el nuevo mundo que comenzaba.

En conclusión, los hombres y mujeres de este mundo podrán tener sus diferencias de actitudes, dones y carisma, pero a partir del criterio de la dignidad humana, todos son iguales en derechos y libertad de acción. Por lo tanto, todo grupo religioso, cuya base de revelación es el Dios bíblico y de Jesucristo, estará llamado a defender la igualdad entrañable que hay, por esta categoría, en el género humano, y a condenar todo aquello de exclusión y discriminador que pueda darse en su ambiente o en la cultura en la cual esté inserto (GS 29).