Los discípulos de Emaús iban caminando… pero hablando desde la herida: “Nosotros esperábamos…” Esa frase pesa, suena a decepción, a proyecto caído, a cruz sin explicación.
Ellos no mentían, Jesús había muerto. Y cuando uno solo mira la cruz, la historia parece terminar ahí, por eso hablaban así, desde el dolor, sin Resurrección.
Y hoy pasa lo mismo, hay muchos caminos de Emaús que no tienen polvo en los pies, ni kilómetros de andadura, sino suero en la mano, habitaciones en silencio, monitores y diagnósticos no muy favorables de gente buena, cansada, gente de fe… pero golpeada.
Personas que también dicen: “Yo esperaba…” Y en medio de ese camino, Cristo vuelve a hacer lo mismo que en el Evangelio: se acerca sin hacer ruido. No siempre con respuestas, a veces, solo con presencia.
Hace unos días, una fiel lectora me compartió algo sin teología de escritorio. Es fe vivida en carne, es Emaús en tiempo real, y quise colocarlo aquí para ayudarnos a entender un poco esta realidad:
–Un día después de recibir quimioterapia, mientras oraba, cansada, abatida y más muerta que viva, me parecía escuchar a Jesús responderme, cuando orando le decía:
—Señor… si estás aquí, dime algo… porque hoy no tengo fuerzas ni para rezar.
† Aquí estoy. No he dejado de estar.
—Pero… ¿por qué duele tanto? Siento que me apago.
† Yo también sentí el peso del cuerpo… y el silencio en la cruz. No te hablo desde lejos.
—Me dijeron que venciste la muerte… pero yo aquí me siento perdiendo.
† No todo lo que parece perderse… se pierde.
—Entonces… ¿por qué seguimos mirándote muerto?
† Porque el amor recuerda el precio… pero la fe debe recordar la victoria. Mírame vivo. Aquí contigo.
—Tengo miedo…
† Y está bien sentirlo, pero Yo estoy contigo. Y donde estoy Yo… la muerte no tiene la última palabra.
—Amén.
Eso es Emaús, no es negar el dolor, es dejar que Cristo lo atraviese contigo. Los discípulos no reconocieron a Jesús mientras hablaban de la cruz, lo reconocieron cuando Él les abrió el sentido.
Y hoy, en muchas camas, en muchos silencios, en muchos “yo esperaba”… Cristo sigue caminando al lado, no siempre quitando la cruz, pero sí cambiando el final.
Porque cuando Él entra en nuestro camino, la historia ya no se cuenta solo desde el dolor.
Aleluya, aleluya
Hasta un próximo encuentro
Desde el monasterio.




