Vida contemplativa en 2026

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Cuando la gente oye hablar de “vida contemplativa”, muchos imaginan algo entre película medieval y documental antiguo: silencio absoluto, velas, pan duro y gente desconectada del mundo. Como si un monasterio fuera un museo donde el tiempo se quedó atrapado. Y no, no es así. 

Aquí también hay alarmas despertando a las 4:00 a.m., medicamentos, correos electrónicos, trabajo manual, cuentas por pagar… y sí, hasta el bendito WiFi. La diferencia no es que vivamos fuera del siglo XXI, la diferencia es desde dónde vivimos la vocación como contemplativos, en estos tiempos modernos.

Mientras el mundo corre detrás de productividad, ruido y placer instantáneo, el monje o la monja contemplativa hacen algo rarísimo hoy: detenerse para buscar a Dios.

Más o menos, un día monástico tiene el siguiente ritmo: se mueve entre la oración litúrgica, el trabajo y el silencio. Vigilias antes del amanecer, Laudes al salir el sol y Misa. Trabajo manual o intelectual; Lectio Divina. Vísperas. Comidas, sencillas y rápidas. Poco celular, una buena siesta, pero eso sí, mucho examen interior. Y al final del día, la gran victoria, dar gracias a Dios por haber permanecido, como el criado solícito y fiel. 

Y aquí viene la pregunta que siempre aparece: “¿Y eso sirve de algo?” pues sí. Muchísimo. Y esta solemnidad de la Ascensión (Mateo 28,16-20), nos brinda la respuesta : “Vayan y hagan discípulos…” Y es que curiosamente, algunos cumplen esa misión, sin salir del monasterio, porque evangelizar no es solo viajar o predicar con micrófono. 

Ya lo decía la semana pasada, la misión escondida de los contemplativos es esta: sostener espiritualmente al mundo desde la oración. Mientras unos van, otros permanecen arrodillados, para que nadie camine solo.

Y la historia demuestra que no es teoría, Santa Teresita del Niño Jesús nunca salió de su convento y terminó siendo Patrona de las Misiones. Thomas Merton escribió desde el claustro textos en favor de la paz y el diálogo interreligioso que siguen impactando generaciones enteras. Clara de Asis, desde su clausura estricta, sostuvo espiritualmente la expansión franciscana. Edith Stein, cuyos escritos unieron la filosofía, la mística y la teología de manera extraordinaria, dando lugar a grandes debates sobre la dignidad humana, la verdad y la fe. 

De aquí, que insistimos en recordar la próxima Jornada Pro Orantibus (31-mayo): orar por los que oran. O al menos saber sobre ellos, ¿sabes cuántos carismas contemplativos existen en la Iglesia dominicana? ¿sabes cuántos monasterios hay en nuestro país y en qué diócesis se encuentran? Y aunque no lo sepas, ahí están, sosteniendo y acompañando al pueblo de Dios en silencio.

Recuerda que aunque no siempre los veamos… alguien está orando mientras el mundo duerme.

Aleluya, aleluya 

Hasta un próximo encuentro 

Desde el monasterio.