El mundo que conocemos llega a su final

0
5

El equilibrio que se había establecido entre las grandes potencias, se ha roto

William Arias

Con la llegada de Donald Trump al poder de los Estados Unidos, y su proyecto MAGA (make american great again=hacer a Estados Unidos grande de nuevo), el equilibrio mundial que se había establecido hace un tiempo entre las grandes potencias mundiales, se ha roto, aunque puede pensarse que tal vez con lo de la guerra de Rusia contra Ucrania o la guerra comercial de China, ya éste se había roto.

El asunto es que Trump lo hace ver a través del despliegue de la fuerza militar norteamericana, a lo largo del mundo, pues vimos cómo actúa en Latinoamérica, sembrando zozobra en las aguas del Atlántico, atacando barcazas, las cuales son tildadas de transportadoras de droga, sin ton ni son y con el apresamiento del Presidente Nicolás Maduro y su esposa, en la misma Venezuela. Entra allí ‘como perro por su casa’, sin pedir permiso a nadie, violando la soberanía de un país y sale sin decir nada.

Luego va a Nigeria, en Africa, y hace una serie de bombardeos contra unas milicias anticristianas, sin preguntar a nadie y me parece que sin pedir permiso, y últimamente ataca a Irán y mata a su dirigente supremo y parte de su familia, y el asunto se mantiene como si nada hubiera pasado.

El mundo del equilibrio de fuerzas que se instauró, finalizada la Segunda Guerra Mundial, ha quedado atrás, de nuevo se cierne sobre el mundo la amenaza de una guerra nuclear, de la cual no se espera ganadores, pues todos saldríamos perdiendo. 

Los gobiernos de derecha y ultraderecha se citan en el mundo y hacen coro alrededor de Trump, junto a sectores ideológicos contrarios a las reivindicaciones de grupos de izquierda y excluidos, al igual que ciertas corrientes religiosas dislocadas y absurdas, que distan bastante del Dios de Jesucristo.

En esta situación, el miedo se vuelve a adueñar de la humanidad, y comenzaremos a no vivir como Dios quiere, pues como hemos dicho en otros escritos: “el que vive con miedo no vive”. Pero el mismo presidente estadounidense y otros correligionarios suyos, de esto es que viven y es lo que le ayuda a mantener su fuerza. 

Si bien es cierto que la primavera de izquierda democrática que el mundo vivió no hace mucho, no cumplió con los objetivos previstos, pues en algún momento se corrompió, y fue muy tímida a nivel de cambios estructurales y solo se dedicó a elementos que llamaríamos cosméticos, de índole grupal, también es cierto que no se dirigió a una auténtica reforma de la vida del ser humano y estructural en toda sus vertientes, y se olvidó de una serie de dimensiones vitales de la persona, como la religión, y perdió tiempo entrando en contradicciones con ella.

El hecho es que el escenario está ahí. Pensábamos que con lo del 11 de septiembre del 2001, cuando los bárbaros por así decirlos (grupos terroristas), logran penetrar el centro del imperio, y causar desastres, el mundo había cambiado, pero no, es ahora cuando se da el cambio, pues la incidencia imperial es hacia cualquier lugar y a través de su brazo poderoso: el poderío militar.

En América Latina, pensábamos que la doctrina Monroe era asunto del pasado, pero no, hoy hemos vuelto a ser el patio trasero de Estados Unidos, donde esta nación y su presidente piensan que pueden hacer lo que quieran y cuando quieran, sin pedirle permiso a nadie, y así lo prolongan para todo el mundo.

El mundo en que vivimos, ante esta situación, no es el mismo y no sabemos todavía las demás consecuencias que de esto pueda desprenderse. 

Por lo pronto, sentimos los primeros efectos y nos adentramos a un tiempo de incertidumbres, donde nos acogemos a la providencia divina y que ella nos acompañe.