Aprecio tanto a la gente
que me retorna el saludo
cuando a algún lugar acudo
y hallo un trato diligente;
un rostro resplandeciente
enmarcando una sonrisa
sin pausa, pero sin prisa
me produce placidez
al sentir la calidez
de quien servir es divisa.
Al hacer una llamada
a un negocio u oficina
valoro cual perla fina
que una voz bien educada,
amable y considerada
me responda con presteza
porque en esa gentileza
percibo algo especial
muy valioso y esencial
que expresa humana nobleza.
Ver una acción solidaria
con las personas mayores
es parte de los valores
de una vida humanitaria;
y la actitud voluntaria
es un ejemplo a emular
con la gente de su lar
o un lugar desconocido
y aquello que se ha ejercido
no sea por simular.
Las personas generosas
tienen su retribución
en esa contribución
que hacen las almas piadosas;
sus acciones bondadosas
desde su pecho ferviente
son una fértil simiente
para hacer un mejor mundo
dejando un surco profundo
y un permanente aliciente.
En verdad es admirable
la vocación de servicio
de quienes cumplen su oficio
de manera responsable;
porque hacen más viable
la solución de un problema
por ser su credo y su lema
su principio y su razón
llevando en el corazón
el servicio como emblema.




