Décima invitada. Ganadora del Primer Lugar Concurso de Décimas Espinelas 2026 de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña
Autor: Bismar Galán
Aquel arte cuneiforme
estilo de pictograma,
como el sol sobre la grama,
trajo una magia deiforme.
Llegó ese trazo deforme
o preciso que te ensalma.
Trazos de brisa sin calma
se abrazan sin tozudez:
“desde el feto a la adultez
leer alimenta el alma”.
Los ideogramas del Nilo
se dibujan inmortales;
se aferran a matorrales
y a la ciudad con sigilo.
Dentro o fuera del estilo
la esencia vibra en el trazo.
Cada letra es un abrazo
de sangre y luz. ¿O de aroma?
El texto, el punto, la coma…
son del lector fuente y lazo.
Modelados sobre arcilla,
los símbolos de poder
abrazaron el saber
para grabar la tablilla.
Fueron germen, la semilla
del texto que se ennoblece.
Son la razón que enloquece
sobre los significados,
son los anillos atados
a la historia que florece.
El códice fue de acero
en el papiro inmortal;
fue pergamino ancestral
con el traje de viajero.
Romano e imperecedero
se asió firme a la cultura.
Dio a los textos la estatura
de un gigante portentoso
para el lector receloso
que en el signo transfigura.
Vino un día el alfabeto
rico de razón y esencia
para dejar la sapiencia
fijada como concreto.
Fue dádiva con respeto
envelado de alegría.
Con verdad y profecía
el engendro en el papiro
sacó al lector un suspiro
de amor, dolor, valentía…
Con la invención del papel
en la China milenaria,
la época literaria
bailó sobre carrusel.
¿Y el lector? Abeja en miel
que cata luz. Soy testigo.
¿La obra? Es el gran amigo
donde abreva el universo.
Ya narrativa, ya verso,
siempre el texto va consigo.
Gutenberg trajo la estampa
revestida de presteza
y luz de naturaleza
de esa que jamás escampa.
Desde el monte hasta la pampa
vibra entre flores la imprenta.
Desde la historia violenta
hasta el poema más tierno,
del verano hasta el invierno,
el libro nos alimenta.
Huracán firme y febril
de códigos cero y uno
arribó real y oportuno
con armamento sutil.
Con movimiento viril
el texto sabio te empalma.
Como penacho de palma
el libro te eleva al cielo;
lectura es vida y consuelo,
leer alimenta el alma.




