Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.
El secretario de Estado, Cardenal Gasparri, nombró a Roncalli visitador apostólico en Bulgaria el 17 de febrero de 1925. El futuro Juan XXIII pataleó: no tenía entrenamiento diplomático; no sabía nada sobre Bulgaria; ¿quién se ocuparía de sus dos hermanas? Pero cometió el error de preguntar: ¿ese nombramiento era un asunto de obediencia? ¡Sí! Respondió Gasparri.
El papa Pío XI había exclamado: –¡espléndido, éste es el hombre enviado por la Providencia! – Un rumor explica el traslado de Roncalli a Bulgaria por un sermón recordando a Radini – Tedeschi con ideas cercanas al Partido Popular, enemigo de Benito Mussolini.
Cuando Pío XI representaba al Vaticano en Polonia, los obispos lo habían desconsiderado. El Papa ordenaría a Roncalli arzobispo para que lo respetasen.
Roncalli fue ordenado arzobispo el 19 de marzo de 1925, en Milán, en una iglesia dedicada a su admirado San Carlos Borromeo. Le copió su lema episcopal a Cesare Baronio, “Obedientia et Pax”. Antes de partir, conversó largamente con su amigo Giovanni Baptista Montini. Muy pronto en Bulgaria le conocían como “Diado”, el padre bueno. Era el primer representante papal en Bulgaria en cinco siglos.
En los días de su llegada, visitó a los heridos del atentado contra el rey Boris III, en abril del 1925. Visitó a lomo de mula a los católicos uniatas dispersos por las montañas. “No hay carreteras, ni puentes, los ríos se cruzan en barcazas desvencijadas”. Recordará en 1954 esas visitas: “Los fui a buscar en las aldeas más distantes. Entré en sus modestas viviendas y me convertí en su vecino”.
Roncalli favoreció el matrimonio católico del rey Boris III con la princesa Giovanna, hija de Victor Manuel III de Italia. La hermosa ceremonia tuvo lugar en Asís, el 25 octubre, 1930. Días después, en Bulgaria, la pareja contraía matrimonio por el rito ortodoxo. Pío XI tronó de rabia.
La pareja real bautizó en la Iglesia ortodoxa a su primera hija en 1931. Roncalli protestó pensando “en el dolor del Santo Padre y todos los buenos católicos.” La protesta le valió ser excluido de la corte de Boris III por un año.
Roncalli fue acusado de ingenuo. Se defendió: “le expresé a la Secretaría de Estado que no confiasen en ninguna garantía del rey Boris… la Iglesia ortodoxa jamás aceptaría que una heredera fuese bautizada católica”. (Hebblewaith, 1985:112 – 142).




