Ysis Estrella Roman
“Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.” (Mt 28,20)
En la solemnidad de la Ascensión del Señor, la Iglesia contempla a Jesús que, después de su Resurrección, vuelve al Padre y confía a sus discípulos la misión de anunciar el Evangelio al mundo entero. Antes de ascender, el Señor reúne a los Once en Galilea y les dirige palabras que siguen resonando hoy con fuerza y esperanza.
Jesús no se despide abandonando a los suyos. Al contrario, promete permanecer con ellos todos los días hasta el fin del mundo. La Ascensión no significa ausencia, sino una nueva manera de presencia. Cristo resucitado continúa acompañando a su Iglesia, sosteniendo a quienes caminan en la fe y animando la misión evangelizadora.
El Evangelio nos recuerda que los discípulos, aun viendo al Señor, experimentaban dudas. Esto muestra que la fe no elimina automáticamente toda incertidumbre. Sin embargo, Jesús confía en ellos y les entrega una misión inmensa: ir y hacer discípulos a todas las naciones. Dios no llama a los perfectos; llama a hombres y mujeres dispuestos a confiar en su gracia.
También nosotros hemos recibido esa misión desde el Bautismo. Evangelizar no es solo predicar con palabras, sino vivir de manera coherente el Evangelio en la familia, en el trabajo y en la comunidad. Cada gesto de amor, servicio y misericordia hace visible la presencia de Cristo en medio del mundo.
La Ascensión nos invita además a levantar la mirada y recordar que nuestra vida tiene un horizonte eterno. Caminamos hacia el Padre, sostenidos por la esperanza y acompañados por el Señor que nunca nos deja solos.
Pidamos la gracia de vivir con espíritu misionero y corazón confiado. Que el Señor fortalezca nuestra fe y nos ayude a ser testigos alegres de su presencia en el mundo. Él permanece con nosotros y sigue actuando en nuestra historia.
Ánimo.




