En este quinto domingo de Pascua, Jesús dirige a sus discípulos palabras llenas de consuelo y esperanza. Sabe que su partida se acerca y percibe la inquietud en sus corazones. Por eso les dice: “No se turbe su corazón”. No es una invitación a ignorar las dificultades, sino a confiar profundamente en Dios.
En medio de la incertidumbre, Jesús se presenta como camino, verdad y vida. No ofrece sólo una enseñanza, se ofrece a sí mismo. Él es el camino que conduce al Padre, la verdad que ilumina la mente y la vida que llena el corazón. Seguir a Cristo no es adherirse a una idea, es entrar en una relación viva que transforma la existencia.
Muchas veces buscamos seguridad en nuestras propias fuerzas o en realidades pasajeras. Sin embargo, el Evangelio nos recuerda que la verdadera paz nace de la confianza en el Señor. Cuando caminamos con Él, incluso en medio de la duda, encontramos dirección y sentido.
Jesús también habla de la Casa del Padre, donde hay lugar para todos. Esta promesa abre el horizonte de la esperanza. Nuestra vida no termina en lo inmediato; está llamada a la plenitud en Dios. Esa certeza cambia la manera de vivir el presente.
Felipe le pide a Jesús: “Muéstranos al Padre”. La respuesta es clara: quien ve a Jesús, ve al Padre. En Él descubrimos el rostro de Dios, un rostro cercano, misericordioso y lleno de amor.
En este tiempo pascual, somos invitados a renovar nuestra confianza en Cristo. Que no se turbe nuestro corazón ante las dificultades. Él es el camino seguro que nos conduce a la vida verdadera.
Pidamos la gracia de seguirlo con fe y de vivir con esperanza, sabiendo que en Él encontramos la plenitud que tanto anhelamos.
Ánimo.
Ysis Estrella Roman.




