El Señor es nuestro Pastor

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“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.” (Jn 10,10)

En este cuarto domingo de Pascua, la Iglesia contempla a Cristo como el Buen Pastor. Jesús se presenta como aquel que conoce a sus ovejas, las llama por su nombre y las conduce con seguridad. No guía desde lejos ni impone por la fuerza; camina delante de ellas, mostrando el camino con su propia vida.

La imagen del pastor habla de cercanía, cuidado y entrega. En tiempos bíblicos, el pastor protegía al rebaño de los peligros, buscaba a la oveja perdida y permanecía atento a las necesidades de cada una. Así actúa Jesús con nosotros. Él conoce nuestras luchas, escucha nuestras oraciones y permanece cercano en medio de las dificultades.

El Señor también se presenta como puerta. Por Él entramos a la vida verdadera, encontramos refugio y descubrimos la libertad interior. Muchas voces intentan guiarnos: el miedo, el egoísmo, la mentira o las falsas promesas de felicidad. Sin embargo, solo Cristo conduce a la paz duradera y a la vida en plenitud.

En el tiempo pascual, contemplamos al Pastor resucitado que sigue vivo y acompañando a su pueblo. No estamos solos en el camino. Cuando sentimos cansancio, incertidumbre o confusión, su voz continúa llamándonos con amor.

Este domingo es también una ocasión para orar por las vocaciones sacerdotales y religiosas. La Iglesia necesita pastores según el corazón de Cristo, servidores humildes y generosos que guíen al pueblo de Dios.

Pidamos la gracia de reconocer la voz del Señor entre tantas voces del mundo. Que aprendamos a confiar en su guía y a seguir sus pasos con fidelidad. Allí donde Cristo conduce, el alma encuentra descanso, sentido y esperanza. Con Él nunca caminamos perdidos, porque su amor siempre nos acompaña.

Ánimo.

Ysis Estrella Roman.