Conferencia Dominicana de Religiosos y Religiosas CONDOR LVIII Asamblea de Superiores Mayores y Delegados

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Al terminar este encuentro que­remos comunicar con gratitud, la experiencia vivida. Nos ha movido el espíritu de acogida del nuevo ­horizonte inspirador de la CLAR para los próximos tres años: Hagan lo que Él les diga; así como la ­renovada eclesialidad que brota de la memoria agradecida y actualizante de los 50 años de la Confe­rencia de Medellín, celebrados en Medellín, por la CLAR y el CELAM en conjunto.

La Hna. Ángela Cabrera mdr, nos iluminó con los elementos bíblicos y teológicos de dicho horizonte, en el texto de Juan 2,1-12, la Boda de Caná. Este texto expresa la situación que vivimos hoy como vida religioso/a y nos comunica una Buena Noticia. Resalta la presencia de María, que conduce y custodia ese acontecer salvador que nos trae Jesús. Ella nos adentra en el misterio de su Hijo. Nos invita y anima a tener los ojos fijos en Jesús como en el cuadro de la Virgen de la Altagra­cia, volcada su mirada en el Hijo, nos lleva a Él. En un momento en que la Vida Religiosa está tentada de distracción, María nos invita a reco­gernos y centrarnos. Toma peso en nuestros corazones su man­dato: “Hagan lo que Él les diga”.

La Hermana Ángela, también resaltó que la Madre está en los momentos de necesidad. La hora de ella es cuando la gente tiene necesidad. El vino dinamiza, da sabor a nuestra Vida Religiosa. La advertencia de la Madre nos libra de quedar­nos con las vasijas vacías, para repetir los ritos tradicionales, vanos y sinsentido. Ella facilita que acon­tezca la hora, que el agua se transforme en vino, que pasemos de la ley al amor, a Jesús. Sin Jesús no hay forma de que siga la fiesta. El riesgo es perder a Jesús. Sin vino, sin Jesús, no hay Vida Religiosa alegre, llena de pasión. Todo esto po­dría llevar a hacernos serias preguntas: ¿Cómo están nuestras tinajas? ¿Qué hacemos cuando el vino esca­sea? ¿Estamos haciendo lo que Él nos dice?

Esta reflexión nos ayuda a reto­mar los desafíos presentados en la asamblea a partir del trabajo de los grupos, realizado antes. Destacan los siguientes:

  • La importancia que tiene en el momento que vivimos la intercongregacionalidad. En un mundo plural, se nos empuja a formar redes, porque “cuanto más hilos se trenzan, más hermoso es el diseño, reflejando los colores que pintan el universo”, como expresa la canción de Humberto Pegoraro que motivó el inicio de nuestra asamblea.
  • Por otro lado, en tiempos de crisis hay que volver a lo esencial y lo esencial es el Jesús total, al que nos guía el Espíritu de discernimiento. De este volver al encuentro con Jesús, a la escucha constante del mensaje para ponerlo en práctica saldrá la respuesta profética.
  • Otro desafío que nos ocupó bastante tiempo fue la necesidad de re­estructurar la CONDOR, para que sea más funcional de acuerdo a los retos y necesidades de la vida religiosa de hoy.

Se propuso que dicho proceso se haga planificado, pensado y motivado para actuar como María, con prudencia y ardor.

  • Sentimos que no habrá vino nuevo sin una sólida y profunda formación permanente. Una honda profundidad de vida hace posible una verdadera conversión de vida. Esto también nos preocupa y reta.

Finalmente nos acogemos a la nube de testigos y compañeros de camino: San Romero de América, los obispos de la conferencia de Me­dellín, nuestras fundadoras y funda­dores, todos los santos de a pie que salen de las entrañas del pueblo, para suplicar a la madre, María, que como en las bodas de Caná nos lleve siempre a mirar a Jesús y a hacer como Él nos indica.

En María, mujer del pueblo, atenta a las necesidades, colocamos todas las inquietudes y deseos que brotaron de este encuentro. Que ella nos contagie de sus mismas actitu­des hacia su Hijo y hacia su pueblo.