José Jordi Veras Rodríguez
Hace poco, alguien nos recordó de una reflexión que enviamos, basada en una experiencia personal, que nos ocurrió hace unos años, mientras realizábamos un evento deportivo, llamado el Iroman en otro país.
Esto lo traigo a colación para asemejarlo a cuando en algún momento estamos atravesando por situaciones que nos superan y no sabemos cómo reaccionar o de qué manera enfrentarlo. ¿Cuántas veces hemos tenido eso que nos tiene agobiado, preocupado, y nos quiere hacer tirar la toalla? Pues esto, cuando lo recordamos, lo asemejamos a lo que estamos pasando, y sabemos que nos sirve para atravesar todo con bien y siempre buscando mantener nuestra fe, fuerte y fortalecida en Dios.
La historia es de una ocasión en que cuando ya había iniciado el evento: nado, bicicleta, para terminar con la corrida. Una vez en el agua, dentro de un lago profundo y oscuro, que se une al final con el mar, estábamos ya de regreso y todo el trayecto estaba marcado con boyas flotantes para guiar al nadador.
De repente, cuando comenzamos a ver hacia el final y lo que restaba para llegar a la meta y salir del agua para tomar la bicicleta, llegaron pensamientos a nuestra cabeza. Comenzamos a pensar que no llegaríamos, que nos ahogaríamos y que no había posibilidad de terminar.
Todo nuestro ser estaba atrapado por el miedo, y por segundos o minutos comenzamos a pensar en levantar el brazo para que nos vieran y retirarnos del evento.
Comenzamos a recordar una experiencia similar ocurrida a un gran amigo y hermano, y de qué manera lo enfrentó, entonces, decidimos volver a la calma y buscar respirar profundo en medio de la nada y buscamos llegar a la boya que delante veíamos. Así comenzamos a nadar con ese punto fijo como meta.
Comenzamos a llegar de una boya a otra, a cien metros de distancia. Y llegó un tiempo en que ya íbamos de dos en dos, hasta que logramos llegar al final y montarnos en la bici y luego a la corrida, para terminar el evento.
Cuando tenemos diversas pruebas que van llegando una a una, o estamos en medio de un tema, no pensemos en el proceso completo, sino en ir resolviendo paso por paso, eso nos permitirá concentrar las fuerzas hacia un objetivo y no dispersar la mente.
Porque a veces nos agobiamos, nos ponemos a pensar en lo que sucederá al otro día, o en una semana o en un mes, y desde ya nos ponemos las barreras a través de la ansiedad y la preocupación, y así, lo único que hacemos es anular nuestras fuerzas y darle mayor vigor al temor.
Es muy parecido a lo sucedido a Pedro, cuando le dijo a Jesús, que deseaba caminar sobre el agua y llegar a Él. Como una forma de saber si era el Señor quien le llamaba. Y comenzó a dar pasos en el agua, pero cuando le prestó mayor atención al ruido del fuerte viento o el bramido del mar, dejó de poner su fe en la voz del Maestro y se hundió.
Entonces, eso nos sucede a nosotros cuando dejamos de lado la fuerza de la oración; de la presenta de Dios en nosotros; y ante un problema tras otro, nos dejamos hundir.
Cuando esos momentos lleguen, recuerda esto: “ir de boya en boya, de una boya a otra”, teniendo en la mente que no nos rendiremos y poner en nuestro corazón, la presencia de Jesús, quien nos estará guiando en el camino y llevándonos de su mano.




