Isabel Valerio Lora, MSc.  

Isabelvlora@gmail.com

“A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería mucho menos si le faltara una gota”. Santa Madre Teresa de Calcuta.

El día 10 de septiembre, es el Día Mundial de la Prevención del Suicidio. Un tema que debe ser abordado de forma directa, rompiendo estigmas y sabiendo que puede  prevenirse.

Desde la psicología, entendemos el dolor humano, sin juzgarlo. A continuación, aclaramos las preguntas más frecuentes sobre el tema.

¿Cuáles son las causas que desencadenan en suicidio?


El suicidio suele ser el resultado de varios factores que se juntan y hacen que una persona sienta que no tiene salida. Los más comunes son:

Dolor emocional intenso: Por depresión, ansiedad, trastorno del estado de ánimo o, esquizofrenia. El dolor se vuelve tan fuerte que la persona quiere que pare.

La sensación de desesperanza: Es uno de los predictores más fuertes. Creer que todo va de mal en peor, que nada mejora y que el futuro no se proyecta bien.

Por aislamiento y soledad: Cuando la persona no sale ni se relaciona, por sentir que no es importante para los demás y que es una carga.

Eventos vitales estresantes: Duelos por muertes, separaciones, pérdidas económicas, acoso, violencia, etcétera.

Distorsiones cognitivas: Cuando se atraviesa por una crisis, se ve todo blanco o negro, sin escalas de grises, ni nada intermedio. Los pensamientos de rumiación que se tiene son que todo va mal, que nunca se va a poder salir de donde está.

Existen factores de riesgo adicionales: Consumo de sustancias psicoactivas, adicción al juego, intentos previos, antecedentes familiares de suicidio y falta de red de apoyo.

¿Qué sucede después de un suicidio?

Las consecuencias van más allá de la persona:
Para la persona que lo comete: Es la pérdida definitiva, perdió la vida, su oportunidad de recibir ayuda y de  seguir su vida. 

Para la familia y red de apoyo: Genera un duelo complicado, con muchos sentimientos de culpa, preguntas sin respuesta. En sentido general, un duelo atípico, que puede aflorar mucha vergüenza, rabia y miedo a ser etiquetado. 

Para la comunidad en la que sucedió: Refuerza el silencio, se puede injustamente estigmatizar la familia y, hace más difícil que otros pidan ayuda.
Desde mi experiencia como psicóloga, voy a enfocar los diferentes tipos de prevención que podemos hacer:


Prevención individual:


Pedir ayuda: Hablar con un psicólogo, psiquiatra o médico. La terapia enseña herramientas para manejar el dolor y cambiar pensamientos distorsionados.
Buscar tu red de apoyo: Contarle a alguien de confianza cómo te sientes. No tienes que pasar por esto solo.

Plan de seguridad: Identificar señales de alerta (tiene muchos pensamientos sobre la muerte, no estás durmiendo, te sientes muy triste y preocupado), tener personas a quien llamar y lugares seguros donde ir, cuando el malestar aumenta.

Cuidar lo básico: El sueño, alimentación, y hacer actividades que te conecten con el presente (caminar, hacer ejercicios).

Prevención en el entorno: familia, red de apoyo, colegio, trabajo.


Preguntar directamente*: “¿Has pensado en hacerte daño?” Preguntar no pone la idea en la cabeza. Le da permiso a la persona de hablar.

Escuchar sin juzgar: Valida: “Debe ser muy duro lo que sientes. Gracias por decírmelo”. Nunca minimices con frases como “no es para tanto”.
No dejar sola a la persona en riesgo y ayudarla a buscar ayuda profesional.
Quitar de su alcance todo objeto que pueda convertirse en letal (armas de fuego, cuchillos, tijeras, medicamentos, herbicidas, cloro, etc.

Prevención social:

Hablar del suicidio, debe ser un tema obligatorio en todos los ámbitos, para que se adquiera conciencia de cuando pedir ayuda.

Realizar más campañas que enfoquen la realidad de los problemas de salud mental, son reales y tienen tratamiento.

Señales de alerta a las que debemos prestar atención: Busque ayuda de inmediato.


Hablar de querer morir o de “no estar más aquí”.
Regalar cosas importantes y despedirse.
Aislarse de repente.
Cambios bruscos de humor.
Decir frases como “soy una carga” o “estarían mejor sin mí”.
Si la persona no está durmiendo bien, el riesgo se incrementa.