José Jordi Veras Rodríguez
En un corto plazo van a comenzar a valorarse los profesionales del Derecho y magistradas y magistrados de carrera, que deseen alcanzar un puesto en la Suprema Corte de Justicia, por la convocatoria del Consejo Nacional de la Magistratura, para completar los puestos renunciantes y los que no sean ratificados en ese estamento.
Son muchas las consideraciones que se han indicado sobre quién debería ser aquel o aquella que presida ese alto tribunal y las condiciones fuera de lo académico, que deberían tener.
Antes de establecer nuestra postura al respecto, entendemos que un punto importante es que debe evitarse seguir lesionando el tema de la confianza en el instrumento de las evaluaciones y que se borre la creencia de que quien llega a estos puestos es porque está o ha hecho amarres políticos, favores o tiene algún vinculado y si no es juez de carrera, es porque fue abogado o consultor o trabajo en alguna oficina relacionada con el primer mandatario de turno o con algún alto funcionario o ministro.
Esto que indicamos más arriba es simple. Y ya hubo un punto amargo reciente y fue el de la ex magistrada Pilar, que a pesar de haber cumplido con los requisitos objetivos o de calificación y de fallos emitidos de los casos que estuvieron a su cargo, no fue ratificada. Pero no obstante eso, se han dado casos que las evaluaciones no se corresponden con los que han sido escogidos.
Entonces, es importante para la clase política comprender que jugar con desacreditar o quitarle peso en confianza a un sistema como el judicial o a sus estamentos de escogencia, es un camino muy peligroso que este pueblo no merece pagar.
El otro aspecto es si quien asume la presidencia de la Suprema, debería ser un juez o jueza de carrera o un profesional del derecho privado. Nos gusta más la idea que sea alguien de carrera o magistrados que están dentro del mismo organismo a completar o de los jueces de Corte.
En la mayoría de las escogencias que se han dado en los últimos años, han sido abogados que han estado en el ejercicio. Es cierto, que poseen una mayor visión del sistema por su ejercicio.
Ahora bien, creemos que un juez de carrera brindaría mayor estímulo y motivación a quienes durante años han hecho estudios, especializaciones de todo tipo y tienen un buen historial para ser gerentes de una institución a la que se asume aman y han visto como un salto hacia una meta deseada y anhelada.
La experiencia que hemos visto en gran parte de los que han sido presidentes de Suprema, es que se desconectan de la realidad de su pares; la de los propios abogados; personal administrativo en toda sus áreas y jurisdicciones. Por ejemplo, cómo es posible que usted en siete años no haya sido capaz de conocer las deficiencias y graves problemas de los Registros de Títulos a través de las estafas, para solo mencionar un tema.
O que usted no haya sido capaz de mirar la realidad de juezas y jueces, en cuanto condiciones de trabajo, personal paralegal para ayuda de los primeros, salarios, entre otros.
Ojalá que no se asuma desde el Consejo Nacional de la Magistratura, el formato para la presidencia que en el pasado se ha utilizado y que en la escogencia y evaluación, pueda generar la confianza esperada y no el sabor amargo que ha dejado en otras selecciones.




