¡Cállese!

0
4

Pedro Domínguez

Una periodista, muy amable, me escribió para hacerme una entrevista. Le pregunté cuál era el tema, por si necesitaba actualizarme o refrescar mi memoria. Al informarme de qué se trataba, le expresé: “Sabes que siempre estoy dispuesto, pero ese punto no lo domino, y no hay peor cosa que opinar sobre lo que no conocemos o sobre aquello de lo que apenas tenemos idea”.

La profesional me entendió perfectamente y, posiblemente, en sus adentros valoró mi sinceridad, pues no todos dejan de sucumbir ante la tentación de aparecer en televisión. Y tal vez pensó: “Es extraño que alguien se niegue a la publicidad por evitar meter la pata hablando de lo que no sabe”.

Hace años, un 6 de noviembre, Día de la Constitución, le preguntaron a un honorable legislador qué opinaba sobre nuestra Carta Magna. Respondió, con aire doctoral: “Soy un estudioso de la Constitución de la República Dominicana, la patria de Duarte, Sánchez, Mella y Luperón; es algo serio que debemos resaltar, por el bien de nuestra democracia y de los más sólidos valores cristianos”.

El entrevistador, ducho y con evidente ánimo de poner en aprietos al político parlanchín, lo cuestionó sobre el número de reformas y de artículos que tenía la Constitución de entonces. El hombre, algo perturbado, dijo: “El punto, en sí, lo más importante, en resumen, es que celebremos esta ocasión inspirados siempre en Duarte, Sánchez, Mella y Luperón, que los dominicanos somos buenos y trabajadores; los quiero a todos, muchas gracias”. Y salió despavorido, sudoroso, como quien huye de la antesala de la muerte.

Les contaré otro ejemplo no menos patético. Estaba yo en el tribunal. Previo a una audiencia, se conoció una medida de coerción. 

El abogado del imputado, para tratar de convencer al juez de que su cliente no representaba peligro de fuga, argumentó: “Magistrado, ese señor no tiene necesidad de irse del país; es rico, con visa americana y visa Schengen, ha viajado muchísimo y tiene amigos en todo el mundo”.

Se le atribuye a Abraham Lincoln la siguiente frase, aunque, todo indica que la misma es anterior al nacimiento de ese gran presidente estadounidense: “Mejor es callar y que duden de tu poca sabiduría que hablar y eliminar cualquier duda sobre ello”. Es como afirmar que la inteligencia del bruto es el silencio.

¡Pobres de quienes aparentaron cualidades que no poseían, saliendo a relucir su ignorancia desde que abrieron la boca! De no haberlo hecho, todavía los considerarían cultos. Si usted no sabe algo, enmudezca, no invente, quédese tranquilo, pues puede hacer el ridículo, fracasar en sus propósitos, estancarse en su oficio o destruir sus logros. Callar: ¡qué difícil es para quienes creen saberlo todo!