Ysis Estrella Roman

“Muéstrame tus caminos, Señor, enséñame tus senderos.” (Sal 25,4)

Hay momentos en los que necesitamos respuestas. Debemos tomar una decisión importante, atravesamos una situación que no comprendemos o simplemente sentimos que hemos llegado a una encrucijada. Entonces buscamos señales, preguntamos a otras personas, analizamos posibilidades y hasta quisiéramos que Dios nos dijera claramente qué camino debemos seguir.

Buscar respuestas forma parte de nuestra vida. El problema aparece cuando queremos comprenderlo todo inmediatamente. Nos inquieta no saber qué ocurrirá mañana y nos cuesta aceptar que existen preguntas cuya respuesta solamente podremos descubrir con el tiempo.

La fe no significa tener respuesta para todo. Significa confiar en Dios incluso cuando todavía no vemos con claridad. Abraham salió de su tierra sin conocer completamente el camino. 

María respondió al llamado del Señor sin saber todo lo que aquella decisión implicaría. Los discípulos dejaron sus redes sin comprender todavía hasta dónde los llevaría seguir a Jesús. Todos tuvieron que aprender a caminar confiando.

También nosotros necesitamos discernir. Dios puede orientarnos mediante su Palabra, la oración, los acontecimientos, el consejo de personas prudentes y la enseñanza de la Iglesia. Pero discernir exige silencio interior. Cuando vivimos rodeados de ruido, opiniones y prisas, podemos terminar confundiendo nuestros deseos con la voluntad de Dios.

Por eso, cuando buscamos respuestas, quizás la primera pregunta no debería ser: “Señor, ¿qué quieres que haga?”, sino también: “Señor, ¿qué quieres transformar en mí?”. A veces pedimos que Dios nos muestre inmediatamente una salida, mientras Él está formando en nosotros paciencia, humildad, fortaleza o confianza.

Hay respuestas que llegan como una certeza profunda. Otras aparecen poco a poco, mientras avanzamos. Y algunas solamente las comprenderemos mirando nuestra historia desde el futuro. Lo importante es no permitir que la incertidumbre nos paralice.

Cuando no sepamos qué hacer, podemos comenzar haciendo aquello que sabemos que agrada a Dios: amar, servir, perdonar, actuar con honestidad, cumplir nuestras responsabilidades y permanecer fieles a la oración. Muchas veces el camino se aclara mientras caminamos.

Quizás hoy estás esperando una respuesta que todavía no llega. Continúa buscando, pero no pierdas la paz. Dios conoce aquello que necesitas y también conoce el momento adecuado para mostrarte el siguiente paso. No siempre ilumina todo el camino de una vez; muchas veces ofrece solamente la luz necesaria para avanzar un poco más.

Confiar también es caminar sin tener todas las respuestas, sabiendo que nuestra vida está en las manos de Aquel que conoce el camino completo.

Para meditar

* ¿Qué respuesta estoy buscando hoy con mayor insistencia?

* ¿Estoy dejando espacio para escuchar a Dios o solamente busco confirmar lo que deseo?

* ¿Cuál es el próximo paso que puedo dar con fe, aunque todavía no vea todo el camino?

Dios les bendiga siempre.