José Jordi Veras Rodríguez
Cuando eres padre comprendes todo aquello que los tuyos te decían para cuidarte, mostrarte cariño, amor, comprensión, y apego. Es posible que existieran generaciones, que todas esas palabras no se manifestaran de forma expresiva, pero sí con hechos. Y quien así lo tuvo o lo sintió, tiene que sentirse hoy, muy agradecido.
Siempre lo vamos a expresar. Hoy estamos con vida, porque ante la muerte cercana, tocando nuestras puertas, solamente pedimos una cosa: “Señor, permítenos vivir por nuestros hijos, que son pequeños, para verlos crecer”. Y Él supo cumplir, y solo nos resta hacer lo propio, que podamos velar por ellos.
Y esto lo dice un padre que hoy no está conviviendo con sus hijos, por razones que no vienen al caso.
Y la verdad, sin entrar en juzgar a nadie, porque cada quien tiene sus razones, aunque sean incomprensibles, motivos o quizás la conciencia sobre el tema, no le ha llegado para que madure. Pero, no comprendemos, cómo una madre o un padre, no se ocupa de sus hijos, o simplemente se desliga de ellos como si fueran reemplazables ese sentimiento y ese espacio.
A veces, debemos cuidar de que la soberbia no nos atrape y nos aleje de los seres más queridos. O que seamos objeto de las maquinaciones del chisme, la perversidad y las maledicencias.
Quienes no propician la reconciliación entre amigos, padre e hijos, hermanos, entre otros, simplemente, porque su corazón no les puede brindar lo que no tienen, o que también son presas de la envidia ante la alegría ajena.
Viendo hoy mis hijos, ya algo más que adolescentes, y cuido aún el proceder con el fuimos educados y criados en un hogar donde madre y padre, tenían muy claros los conceptos de honestidad, responsabilidad, solidaridad, amor y justeza. Y buscamos que ellos no solo puedan aprender principios, sino que sepan que su papá los ama y los amará mientras viva y Dios así lo permita.
Ya de por sí, cada día en que puedo saber de ellos, estar con ellos, hablar con ellos, y ser parte de sus situaciones, es más que un regalo, por tal razón vivo agradecido del Altísimo.
Hoy vivimos de manera tan automática que el pensamiento tranquilo, la conciencia y el amor, parece cada vez más extinto, y sin embargo, es lo que te permite mirar más allá del ruido que distrae; el orgullo que de nada sirve cuando de entregar y saber recibir, se trata; y de la expresión de los sentimientos, que solo buscan curar heridas sin sentido y tiempo perdido, sin haber disfrutado como familia.
Hoy queremos traer varias cosas a colación, primero este pasaje: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”. (Deuteronomio 6:6-7).
Y finalmente, les invito a que escuchen detenidamente la canción, Amor y control, del panameño, Rubén Blades, cuando expresa:
“Solo quien tiene hijos entiende
Que el deber de un padre no acaba jamás
Que el amor de padre y madre, no se cansa de entregar
Que deseamos para ustedes lo que nunca hemos tenido
Que a pesar de los problemas, familia es familia y cariño es cariño”.
“Cuánto control y cuánto amor
Tiene que haber en una casa
Mucho control y mucho amor
Para enfrentar a la desgracia”.
Que no se pierda el amor y el cariño entre hijos-padres-hijos, y que se esté claro, que no importa el tiempo y las circunstancias, no dejes tú de tener en tu corazón y en tus palabras, el amor por tus hijos y seres queridos.




