(Camino de preparación para la gran consagración a san Miguel Arcángel)
Jimmy Drabczak
«Pondré unos querubines… para guardar el camino del árbol de la vida» (Gn 3,24).
Después de contemplar el amor ardiente de los serafines, la Iglesia nos invita a fijar nuestra mirada en los querubines, el segundo coro de los ángeles. La Sagrada Escritura los presenta como guardianes de los misterios de Dios y custodios del camino que conduce a la vida. Ellos nos enseñan una virtud indispensable para todo cristiano: la sabiduría, es decir, la capacidad de mirar la realidad con los ojos de Dios y elegir siempre su voluntad.
Cada jornada que comienza es un regalo del Señor. El amanecer despierta en nosotros la esperanza de un nuevo comienzo, mientras que el atardecer nos invita a agradecer por lo vivido y a confiar nuestro descanso en las manos de Dios. Así como al final del día hacemos examen de conciencia y damos gracias por sus beneficios, al iniciar la mañana estamos llamados a ofrecerle nuestros pensamientos, trabajos, alegrías y sufrimientos.
Esta práctica, recomendada desde hace siglos por la tradición cristiana, nos ayuda a vivir cada día con un propósito claro. No caminamos guiados únicamente por nuestros impulsos o emociones, sino por el deseo de cumplir la voluntad del Padre.
Sin embargo, una de las enfermedades espirituales y humanas más frecuentes de nuestro tiempo es la indecisión. Muchas personas viven sin objetivos, incapaces de comprometerse o de asumir con responsabilidad las decisiones importantes de la vida.
Con frecuencia escuchamos expresiones como: «No sé qué hacer», «No sé qué quiero» o «Ya decidiré más adelante». Cuando falta un rumbo firme, fácilmente nos dejamos llevar por el ambiente, por las emociones del momento o por criterios alejados del Evangelio.
Frente a esta realidad, la Palabra de Dios nos invita al discernimiento. El apóstol san Juan exhorta: «No crean a cualquier espíritu; examinen si los espíritus vienen de Dios» (1 Jn 4,1). Siglos más tarde, san Ignacio de Loyola desarrolló magistralmente esta enseñanza, mostrando que el discernimiento espiritual permite descubrir la voz de Dios en medio de tantas voces que intentan orientar nuestra vida.
Por eso, al prepararnos para la Gran Consagración a San Miguel Arcángel, somos invitados a comenzar cada día poniéndonos bajo la mirada de Dios. Consagrarle la jornada significa reconocer que el tiempo es un don suyo y pedirle la gracia de emplearlo para su gloria y para el bien de nuestros hermanos.
San Miguel Arcángel, fiel servidor del Señor, nos ayuda a permanecer firmes en esa decisión. Él nos anima a vivir cada día con un corazón disponible para Dios, buscando siempre la verdad, rechazando el engaño y caminando con confianza hacia la santidad.
Compromiso
Antes de iniciar tus actividades, ofrece este día al Señor. Pide a San Miguel Arcángel la gracia de tomar decisiones prudentes, inspiradas por la sabiduría de Dios y no por los impulsos del momento.
Oración
San Miguel Arcángel, acompáñame al comenzar cada jornada. Alcánzame la luz para discernir el bien, la fortaleza para cumplir la voluntad de Dios y un corazón siempre dispuesto a caminar por sus senderos. Amén.




