¡Denles ustedes de comer!

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Manuel Maza sj.

mmaza@belenjesuit.org

El Evangelio cobra una nueva luz cuando nos dejamos mover por los retos que plantea. Este Domingo 18 del tiempo ordinario, meditamos a San Mateo 14, 13 – 21. Una multitud sigue a Jesús hasta un territorio despoblado. El día y el hambre avanzan. Los discípulos le susurran a Jesús: “Despide a la multitud para que vayan a las aldeas y encuentren de comer”. La respuesta del Maestro nos sigue desconcertando hasta el día de hoy: — ¡No hace falta que se vayan, denles ustedes de comer!

Jesús no promueve el clientelismo. Más bien, el Maestro nos responsabiliza del hambre ajena a todos los que tenemos recursos.

Ante la necesidad ajena hay dos actitudes: una egoísta, “eso no me concierne”, otra responsable, “ese ser humano en necesidad es mi hermano”.

A finales del siglo XIX, las élites económicas vivían ilusionadas con el progreso que tanto les beneficiaba. León XIII les enrostró a los católicos esta situación: “la acumulación de las riquezas en manos de unos pocos y la pobreza de la inmensa mayoría” (Rerum Novarum 1).

Nunca como ahora las diferencias sociales han sido tan hirientes entre nosotros. Por eso, toda campaña electoral debe ser austera y apegada a la ley de partidos, para no insultar a las mayorías pobres. Apoyemos al que cree puestos de trabajo bien pagados, al que siembre y exporte. La desesperación es mala consejera y los que no juegan, acaban rompiendo la baraja.

Se predica como meta el pasarlo bien. Necesitamos con urgencia un liderazgo capaz de enfocar los esfuerzos, consensuar las prioridades y administrar los recursos honestamente.

El milagro, no fue tanto que el pan y los peces alcanzasen, sino que la gente los entregara para ponerlos en manos de Jesús.

Una nación de egoístas dura un ratico, hasta que elige ratones.