Jesucristo dio el ejemplo 

con su vida de enseñanza

mucho más que la alabanza

en las paredes de un templo;

y con asombro contemplo

ciertos artistas o actores 

autollamados pastores

con sus propios ministerios 

ofreciendo los misterios 

a los mejores postores.

Para llevar el mensaje 

de la palabra divina 

debe ser alma genuina 

sin adornos ni montaje;

no es creerse un personaje

con ínfulas de famoso

aclamado y glamoroso 

que no obra con franqueza 

mostrando lujo y riqueza 

tan frívolo y vanidoso. 

Aquel camino elegido 

por Jesús El Nazareno

fue doloroso terreno

y con odio perseguido,

azotado y afligido 

para ser sacrificado:

Él murió crucificado 

por salvar la humanidad 

y por su divinidad 

también fue resucitado. 

Abrazar el cristianismo 

es mucho más que un ritual:

es tarea espiritual 

que no conoce egoísmo;

alejada de histrionismo 

y mediáticas posturas

porque a Dios en las alturas 

no se les llenan los ojos

con los dorados despojos 

de costosas vestiduras.