Angel Manuel Felipe

Seminarista 

Bautizados y enviados, estas palabras resumen la vivencia que los seminaristas hemos tenido en estos días. Fruto del Bautismo y la llamada de Dios surge la misión a la que somos enviados por la Iglesia en nombre de Cristo.

El pasado domingo 7 de junio, los seminaristas mayores de la Arquidiócesis Santiago, llenos de alegría y cargados de emociones, dimos inicio a nuestra misión de verano, una experiencia necesaria en el camino de la vocación a la que nos sentimos llamados.

La parroquia San Andrés Apóstol, de La Otra Banda, Santiago, ha sido el lugar donde se estuvo llevando a cabo esta misión, donde nos dirigimos como sembradores del Evangelio, que es Jesús mismo. 

Iniciamos la acción misionera con la misa y oración de envío, presidida por nuestro obispo auxiliar Mons. Andrés Amauri Rosario, acompañados de los fieles de esta comunidad.

La misión, como obra de Dios, nos permite ver el deseo profundo, los anhelos y la sed desgarradora que hoy y siempre han tenido los hombres, sed que solo Jesús puede saciar. Nosotros, como instrumentos en las manos de Dios, nos hemos hecho esos canales por medio de los cuales esta agua viva del evangelio llega a las gentes.

Durante este tiempo de misión, realizamos visitas a los hogares, a los enfermos, encuentros de catequesis, formación litúrgica, rezamos el Rosario en comunidad y trabajamos por la formación de la pastoral, de manera especial, la Pastoral Juvenil.

También realizamos un hermoso concierto y otras tantas actividades que fueron surgiendo, como respuesta a las necesidades de cada sector, dejando siempre el espacio a la inspiración y espontaneidad del Espíritu Santo. En fin, todo ha sido un compartir la fe que hemos recibido por el bautismo.

Más allá de todo lo que pudimos hacer, queda el testimonio que dimos en todo momento, incluso en los momentos más cotidianos, y lo que Dios irá realizando con la semilla que hemos sembrado en los espacios por donde pasamos.

La misión culminó con una misa, presidida por nuestro arzobispo Mons. Héctor Rafael Rodríguez y concelebrada por los padres Eduard De Oleo, promotor vocacional y el párroco, Juan Morillo, quien nos acogió junto a los fieles con gran entusiasmo, expectación y calidez, y una manifestación de alegría por haber recibido esta misión entre las tantas parroquias de nuestra Arquidiócesis.

Encomendamos a la oración de todos ustedes y a la intercesión de la Virgen María Madre de la Iglesia, a la parroquia San Andrés Apóstol, para que encienda en cada corazón, en cada comunidad, el amor por Jesús y se viva con renovado espíritu el don del Bautismo, por el cual somos hechos hijos de Dios. 

San Andrés Apóstol, ruega por nosotros.