La misión del maestro es sagrada

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Lic. Federico Rivas Pimentel

El maestro dominicano tiene una verdadera inclinación pedagógica y psicológica hacia el educando y tiende a fortalecer su trabajo escolar inspirado en los principios cristianos. Se podría decir que el verdadero maestro se fortalece con el amor y su dedicación a favor de la enseñanza del niño/a y el adolescente.

El maestro es un educador que cumple con acierto la acción pedagógica y desarrolla con criterios científicos los programas establecidos por el Ministerio de Educación. Consagra su vida a la acción pedagógica y sus prédicas van encaminadas a fortalecer los lineamientos esenciales de la sociedad.

En este análisis podemos decir, como lo expresaba Kerschensteiner, no todo educador es “maestro”.

El magisterio constituye como profesión, la base fundamental para el desarrollo de los pueblos, en él descansa el futuro cultural, la elevación de los valores y la consolidación y armonía entre los pueblos.

En la Grecia clásica los niños eran cuidados por esclavos. Los romanos se auxiliaron de maestros griegos para la enseñanza griega de los jóvenes. En la Edad Media, el maestro profesional se encuentra en las universidades y en los colegios superiores, así como en las escuelas catedralicias y catequísticas.

Durante los siglos XVII y XVIII, el magisterio ha venido alcanzando un progreso muy significativo, pasando el maestro a ocupar un lugar de mucha importancia, especialmente durante los siglos XIX y XX.

La función del maestro es fundamental para el desarrollo de la comunidad contemporánea, por consiguiente, el Estado debe aunar esfuerzos para solventar sus condiciones económicas.

Consideramos la misión del maestro como sagrada, basada en la comprensión y el amor que Dios le ha dado para que con sabiduría transmita su saber a todas las generaciones. Él diagnostica la realidad educativa de sus alumnos y realiza una labor eficiente, contribuyendo al pleno desarrollo de un aprendizaje de calidad.

Cada día 30 de junio está consagrado en nuestro país, a rendirle homenaje al maestro, quien con su enseñanza y ejemplos robustece los principios del fundador de la República Dominicana, el inolvidable patricio Juan Pablo Duarte.

Elevemos nuestras oraciones al Todopoderoso, por la salud y la capacidad de todos los maestros dominicanos, y que Dios acoja en su santo seno a los que ofrecieron con gallardía su vida para el progreso, y el engrandecimiento de nuestras futuras generaciones.