Padre Jimmy Drabczak

Cuando pensamos en los ángeles, normalmente imaginamos a los mensajeros de Dios que aparecen en las páginas de la Biblia. Sin embargo, vale la pena preguntarnos: ¿cómo siguen actuando hoy en medio de nosotros? 

La Sagrada Escritura nos enseña que Dios se sirve de sus ángeles para acompañar y orientar a las personas. Pero también utiliza a hombres y mujeres concretos para transmitir su voluntad y sembrar el bien en los corazones.

Muchas veces imaginamos que una vocación nace de algo extraordinario. Sin embargo, Dios suele llamar a través de pequeños detalles y de personas sencillas que dejan una huella profunda en el corazón. Por eso me gusta pensar que existen también ángeles visibles: personas que Dios coloca en nuestro camino para despertar una vocación.

Recuerdo el testimonio de un sacerdote que compartía cómo comenzó su camino hacia el sacerdocio. Durante las vacaciones visitaba la casa curial donde vivía un tío sacerdote. Un día, mientras intentaba sacar de la casa a un gato, cuando la cocinera lo vio le dijo sonriendo: —Déjalo tranquilo. Tú tienes cara de sacerdote. Los sacerdotes cuidan a los animales, como San Francisco.

Aquella frase parecía insignificante. Sin embargo, nunca la olvidó. Años más tarde, ya sacerdote, recordaba ese momento como una de las primeras semillas que Dios había sembrado en su corazón.

Así suelen actuar los ángeles. No siempre hacen cosas espectaculares. A veces basta una palabra sencilla pronunciada en el momento oportuno. También recuerdo otra historia. Una catequista visitó a una amiga que impartía catequesis. Observando el grupo vio a un muchacho particularmente inquieto y le dijo en tono de broma: —Compórtate. Tú tienes cara de sacerdote.

Muchos habrían olvidado aquella frase. Pero aquel joven no la olvidó. Con el paso de los años descubrió que Dios realmente lo llamaba al sacerdocio. Hoy sirve a la Iglesia como sacerdote y todavía recuerda aquellas palabras. 

Yo mismo puedo decir que mi vocación comenzó de una manera sencilla. En mi pueblo se realizaba la peregrinación de la Virgen Negra de Częstochowa. La imagen permanecía durante veinticuatro horas en cada hogar y las familias se reunían para rezar y cantar durante toda la noche. Una noche mi madre me llevó a una de esas reuniones. Mientras escuchaba los cantos marianos, uno de ellos hablaba de la vocación y del servicio a Dios. Aquellas palabras tocaron mi corazón. Allí, siendo todavía un niño, le dije a la Virgen María que quería ser sacerdote. Han pasado muchos años desde entonces, pero nunca he olvidado aquel momento.

Por eso, debemos prestar atención a los niños y jóvenes. Es precisamente en la infancia cuando el corazón es más sensible y las semillas encuentran tierra fértil.

San Miguel Arcángel sigue acompañando a los niños y jóvenes. Y Dios continúa enviando ángeles visibles: padres, abuelos, catequistas, sacerdotes, maestros y amigos que inspiran, orientan y animan.

Quizás nunca sabremos hasta dónde llegará una palabra dicha con amor. Pero Dios sí lo sabe. Él continúa llamando. Y muchas veces lo hace a través de esos ángeles sencillos que encuentra en nuestro camino y que, sin darse cuenta, despiertan vocaciones.