El silencio no protege de sufrir violencia intrafamiliar: denunciar puede salvar la vida

0
10

Sumaya Rodríguez

Cada día, muchas mujeres víctimas de violencia toman una decisión silenciosa: callar. No porque quieran hacerlo, sino porque tienen miedo. Miedo a las amenazas. Miedo a perder estabilidad económica. Miedo a que nadie les crea. Miedo al rechazo familiar o social.
Miedo a que sus hijos sufran las consecuencias. Y muchas veces, ese miedo es alimentado por el propio agresor, quien utiliza la manipulación psicológica como una herramienta de control. “No volverás a ver a tus hijos”. “Te quedarás en la calle”. “Nadie te va a ayudar”. “Si hablas, destruirás la familia”.

Estas frases son más comunes de lo que imaginamos. La violencia no siempre inicia con golpes visibles. Muchas veces comienza con el control, la humillación, las amenazas, el aislamiento y el miedo constante. Poco a poco, la víctima empieza a sentir que no tiene salida.

Por eso es importante educar con claridad y responsabilidad: el silencio no protege cuando existe violencia intrafamiliar.

Minimizar las agresiones o esperar que “las cosas cambien solas” puede aumentar el riesgo para la víctima y para sus hijos. La violencia suele escalar cuando no se detiene a tiempo.

En nuestra sociedad todavía existen mujeres que no denuncian por desconocimiento de sus derechos o porque creen que perderán a sus hijos, su vivienda o su estabilidad económica. Sin embargo, la normativa dominicana contempla mecanismos legales de protección precisamente para estas situaciones.

El artículo 85, numeral 7, de la Ley 97-25 reconoce el derecho de las víctimas a recibir protección para su seguridad y la de sus familiares. Asimismo, el numeral 23, del referido artículo del Código Procesal Penal Dominicano establece que la víctima tiene derecho a que se facilite la solicitud de guarda de los niños, niñas y adolescentes y que también pueda regularse, cuando sea viable, el régimen de visitas, siempre tomando como prioridad el bienestar de los menores.

Esto significa que denunciar no implica automáticamente perder a los hijos. Cada caso se estudia e investiga. El sistema de justicia contempla herramientas para proteger a la familia y garantizar el interés superior de los niños y niñas.

De igual manera, muchas víctimas permanecen en relaciones violentas por temor a perder la vivienda o quedar desprotegidas económicamente. Algunas soportan años de maltrato creyendo que no tendrán dónde vivir o cómo comenzar nuevamente.

Sin embargo, el artículo 309-6, literales b, c y d, del Código Penal Dominicano establece medidas de protección importantes, entre ellas: La orden de desalojo del agresor de la residencia común. La prohibición de acceso del agresor a la vivienda. La prohibición de acercamiento a los lugares frecuentados por la víctima.

Estas medidas buscan proteger la vida, la integridad física y emocional y la seguridad de la víctima y de sus hijos. Por eso es importante que las mujeres sepan que sí existen opciones. Que sí existen pasos legales y mecanismos institucionales para acompañarlas y protegerlas. No estás sola.

Buscar ayuda no destruye una familia. La violencia es la que destruye la paz del hogar, afecta la salud emocional y, muchas veces, termina cobrando vidas.

También es necesario reflexionar sobre el rol de las familias y de las personas cercanas a una víctima. Cuando una mujer decide hablar, necesita apoyo, orientación y escucha. No necesita que le digan que “aguante”, que “eso pasa en todas las parejas” o que “piense en el qué dirán”.

El acompañamiento familiar debe construirse desde la empatía, la información y la protección. Callar un problema no lo hace desaparecer.

Cuando una persona tiene una herida física, busca atención médica para evitar que empeore. En los casos de violencia ocurre igual: ignorar el dolor no lo sana; muchas veces lo agrava.

Y en estos casos estamos hablando de salvar vidas y de sanar heridas emocionales profundas. Toda mujer que sufre violencia merece vivir sin miedo. Merece dormir en paz. Merece sentirse segura dentro de su hogar. Merece volver a sonreír con tranquilidad.

Denunciar puede ser difícil. Dar el primer paso muchas veces duele. Pero guardar silencio frente a la violencia nunca debe verse como la única opción. Pedir ayuda también es un acto de valentía. Porque ninguna mujer nació para vivir amenazada, humillada ni aterrorizada.

Y porque después del dolor, también es posible sanar, reconstruirse y volver a volar, como la mariposa que atraviesa su proceso y encuentra nuevamente el camino hacia la libertad y el bienestar. No estás sola. Caminamos contigo.