Nada vale perder la paz

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Por: José Jordi Veras Rodríguez

jordiveras@yahoo.com

Hace poco, viendo un titular sobre un joven ex empleado privado, acusado de robar unos 60 millones de pesos a cuentas de clientes de una entidad bancaria y que esto lo fue haciendo por medio del sistema que la Policía y los que manejan los aspectos del área de Lavado de Dinero, lo denominan, “el pitufeo”, que consiste en realizar pequeños depósitos en intervalos de tiempo para evitar ser detectados con rapidez por el sistema.

Este joven lo que hacía era además, que intervenía las cuentas de la empresa donde trabajaba y se iba enviando los recursos a sus cuentas personales y después los transfería a otras 113 personas para que luego éstas, le entregaran el dinero a cambio de un porcentaje, por dichas transacciones ilegales.

Este ex empleado bancario anda desde hace un tiempo huyendo entre Punta Cana, Bávaro y Santiago de los Caballeros, ya que en su contra existe una orden de arresto desde el año 2025. Y existen varios implicados más que están siendo investigados por complicidad con el mismo tema.

Cuando vemos un hecho así, tenemos que recordar el pasaje de las Escrituras que expresa: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida o se malogra?”. O sea, ¿cuánto puede significar para alguien el cometer o llevar a cabo hechos como el narrado o peores o de menos gravedad, pero que de alguna manera pone en entredicho su ética, moral y la integridad misma?

No es más importante para un ser humano, aún hoy día, que hemos escuchado que no se confía ya en la palabra de alguien. Pero, a nuestro modo de ver, si una persona pierde su credibilidad, qué le queda. Que alguien pierda la confianza que todo el mundo tiene depositada en quien es ella o él como tal: ¿Cómo vivir con eso?

Hay quienes no piensan en lo que pierden o en cómo se pierden, cuando toman decisiones equivocadas que les podrían marcar para siempre.

Es posible que muchos digan que hay quienes han cometido hechos graves y que han cumplido y se han quedado con parte de lo hurtado. Sin embargo, ¿usted cree que esa persona vivirá con el respeto de los demás? O ¿podrá vivir lleno de gozo interior o siempre sabiendo su conciencia lo que realmente es?

Así vemos en otros casos de mayor envergadura, como la corrupción pública, en la que para que algo se pueda dar, tiene que existir un engranaje o personas que estén dispuestas también a vender su alma, por medio de toda pretensión que les sea propuesta, pensando que nunca serán descubiertos. Y luego viene el “rechinar de dientes”, cuando tienen que exponerse a que todo el mundo lo sepa.

En esta sociedad de hoy, luce su descomposición por muchos lados y ejemplos, y es tiempo de que podamos recordar que, siempre existirán las tentaciones de todo tipo, sin embargo, también siempre estará la presencia de Dios por encima de todo.

Y con pasajes de la Escritura como el ya señalado, nos advierte, qué sucede cuando un ser humano claudica o se arrodilla ante los males que lo atacan. 

Es que se hacen esclavos de cuanto llevan a cabo para destruir su propia vida, ya perdiéndola física o espiritualmente.

Es bueno tener presente a Dios con nosotros, en todo momento y orar y no despegarnos de su entorno, porque no es solamente al árbol débil que le tiran, sino a los que han decidido abrazar su vida a la fe de un Dios que sigue siendo nuestro mejor guía.

Nada en este mundo vale que pierdas tu paz, tranquilidad, el respeto, el amor de tu familia, amigos y seres queridos, por abrirle la puerta a lo que terminará matando tu alma.