Amanece el sol temprano
y en la casa hay movimiento
el café nos da su aliento
en la taza y en la mano.
Crujiente el pan cotidiano
sobre la mesa sencilla
Los aromas en la hornilla
es un placer repetido
donde el tiempo compartido
se sienta en su propia silla.
La escoba barre el rincón
con su danza cadenciosa
y la olla silenciosa
hierve en lenta ebullición;
Permanente invitación
a compartir alimentos
junto con los sentimientos
En cada conversación
y en fraterna relación
como simples elementos.
Cada objeto es servidor
de la vida que transcurre
nada sobra y todo ocurre
con el humilde esplendor
en el seno acogedor
de la estancia conocida
una historia repetida
es el diario discurrir
eterno redescubrir
la sencillez de la vida.
La ventana da a la calle
y la brisa se nos cuela,
mientras rueda la novela
donde somos un detalle.
Un retrato, un viejo talle
nos recrea aquel pasado
y en el cuarto atesorado
late el pulso familiar
como eterno palpitar
de todo lo que es amado.
Y al caer la noche mansa,
la casa baja su ruido
cada sueño es un latido
que en el silencio descansa.
La rutina no es tardanza
es un hilo que nos une
y el reloj prosigue inmune
su mecánica función:
la imperceptible canción
que en el hogar nos reúne.




