Clínicas de Jesús para mejorar la oración

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Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.

Con tantos peloteros estelares dominicanos, a cada rato anuncian una clínica de bateo para los interesados, en tal centro deportivo. Uno de los aspectos más valiosos de las clínicas consiste en señalar los errores a evitar y las destrezas que garantizan un mejor desempeño.

Jesús también daba clínicas de cómo orar. En el capítulo 6 de Mateo Jesús nos avisa sobre dos conductas a evitar. La primera: “Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.” (Mateo 6, 5 – 6).

Jesús criticó la hipocresía de los que oraban para ser vistos. Ese tipo de oración llega hasta el círculo de espectadores y ahí se queda fracasada. Jesús nos conmina a retirarnos para orar y menciona incluso hasta “cerrar la puerta”. Y ahora su propuesta: “ora a tu Padre”. Desde la fe y desde la profundidad de tu vida, atrévete a dirigirte al Invisible, a Aquél que está escondido para ti, está “secreto”. Jesús nos enseña una convicción que posibilita e invita a la oración: “tu Padre ve en lo secreto”. A todo el que ora en la soledad, le asalta la impresión de no estar hablando con nadie. Jesús nos asegura que nuestro Padre nos atiende. En el Antiguo Testamento, Dios le pide a Israel: “¡escucha Israel!” (Deuteronomio 6,4), en el Nuevo, Jesús nos enseña: oren, porque el Padre está atento a su oración en la soledad y les escucha.

Luego Jesús señala una segunda conducta a evitar: “Y al orar, no usen ustedes repeticiones sin sentido, como los Gentiles, porque ellos se imaginan que serán oídos por su palabrería. Por tanto, no se hagan semejantes a ellos; porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes que ustedes lo pidan” (Mateo 6, 7 – 8). Hasta Horacio († 8 a.C.) empleó la expresión “fatigare deos”, cansar a los dioses. No necesitamos cambiar a Dios de tacaño en generoso, necesitamos cambiar nosotros y convertirnos en creyentes.