Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.     

Roncalli conservó su libertad y cordialidad. Mandó a poner en la entrada del palacio episcopal en Venecia este letrero: pastor et pater. Le oyeron repetir una máxima de Pío X, también patriarca de Venecia: “prefiero ser cardenal en el bosque, que cardenal en una jaula”.

     Luego de la Segunda Guerra Mundial, la arena política italiana se había polarizado. Era común en muchas parroquias de la arquidiócesis de Venecia, que diversas asociaciones católicas sirviesen para reclutar adeptos de la Democracia Cristiana. 

El Cardenal Ottaviani, encargado del Santo Oficio (antigua Inquisición), se ufanaba de la severidad con la que se exigía el rechazo del comunismo: “usted puede decir lo que quiera sobre la divinidad de Cristo, pero si en la aldea más remota de Sicilia usted vota comunista, al día siguiente le va a llegar la excomunión”. Roncalli se sentía llamado a la reconciliación. Se consideraba patriarca de todos los venecianos, no solo de los demócrata-cristianos.

Cuando le pidieron su firma para un nuevo título mariano, “María reina”, no lo apoyó, “esa fiesta pudiera perjudicar el gran esfuerzo buscando la unidad”. Me basta con llamarla “salve reina y madre de misericordia”.

Cuando después de 30 años, Montini fue removido de la Secretaría de Estado y designado arzobispo de Milán, sin ser nombrado cardenal, Roncalli le aconsejaba “abrazar la cruz”. 

En 1955 Roncalli comentaba que, si Montini fuera cardenal, él votaría por él para papa. Luego les comentaba a dos primas: — nada más me falta ser papa, “pero eso no sucederá, porque el próximo papa será su arzobispo [¡Montini!]”.

Ante sus palabras dándole la bienvenida al 32º Congreso del partido socialista en Venecia, varios eclesiásticos se rasgaron las vestiduras. Roncalli respondía: ¿no recomendaba San Pablo al obispo de ser hospitalario? ¿No debemos buscar la unidad necesaria “para mejorar las condiciones de vida…?”  En privado le dieron su pellizquito. Se le juzgaba de ser “demasiado bueno para confiar en él en un mundo cruel y malvado”.

En una Iglesia que todavía pedía a los protestantes: ¡regresen!, Roncalli miraba más lejos, apropiándose las palabras del Cardenal Bessarione ante el concilio de Florencia (1439): “¿Cómo nos defenderemos ante Dios por estar separados de nuestros hermanos, dado que Cristo vino a unirnos a todos en un solo rebaño?” (Hebblewaith, 1985: 236 – 269). Pío XII murió el 9 octubre de 1958. Roncalli era convocado al cónclave.