Ysis Estrella Román

“Tu palabra es una lámpara para mis pasos, una luz en mi sendero.” (Sal 119,105)

Dios continúa hablando. Lo hace de muchas maneras, pero de forma privilegiada nos habla a través de su Palabra. La Biblia no es solamente un libro antiguo que conserva historias del pasado; es Palabra viva que ilumina nuestra realidad, orienta nuestras decisiones y nos ayuda a descubrir la presencia del Señor en medio de lo cotidiano.

A veces abrimos la Escritura buscando una respuesta inmediata para un problema concreto. Sin embargo, escuchar a Dios exige algo más que encontrar una frase que coincida con lo que deseamos. Su Palabra necesita tiempo, silencio y un corazón dispuesto. Hay textos que consuelan, otros que cuestionan, algunos nos invitan a cambiar y otros nos sostienen cuando atravesamos momentos difíciles.

Muchas veces hemos experimentado algo sorprendente: escuchamos una lectura en la Eucaristía o leemos un pasaje que conocíamos desde hace años y, de repente, parece hablarnos de una manera nueva. 

La Palabra no cambió; quizás cambió nuestra situación, nuestra disposición interior o aquello que estamos viviendo. Entonces comprendemos que Dios sabe llegar al corazón en el momento oportuno.

Pero no basta con escuchar. Jesús compara a quien escucha sus palabras y las pone en práctica con un hombre prudente que construyó su casa sobre roca. La Palabra produce fruto cuando pasa de nuestros oídos a nuestras decisiones, de la oración a nuestra manera de tratar a los demás, de la lectura a la vida.

Por eso conviene recuperar el hábito de acercarnos diariamente a la Sagrada Escritura. No necesitamos comenzar leyendo muchas páginas. Un pequeño pasaje leído despacio, una frase meditada durante el día o el Evangelio de la jornada pueden convertirse en alimento para nuestra vida espiritual. Lo importante es acercarnos con perseverancia y pedir al Espíritu Santo que abra nuestra mente y nuestro corazón.

También debemos aprender a escuchar la Palabra dentro de la comunidad de la Iglesia. La fe cristiana no consiste en interpretar la Escritura únicamente según nuestras preferencias. La Palabra nos ha sido confiada para conducirnos al encuentro con Cristo y ayudarnos a caminar como pueblo de Dios.

Quizás hoy necesitamos volver a abrir la Biblia con una actitud diferente: no preguntándonos solamente qué dice este texto, sino qué quiere decirme Dios a través de él y qué respuesta espera de mí.

Cuando dejamos que la Palabra entre verdaderamente en nuestra vida, comenzamos a mirar las circunstancias con otros ojos. Ella corrige nuestros caminos, fortalece nuestra esperanza y nos recuerda que, aun en medio de la oscuridad, Dios sigue hablando y mostrando el camino.

Para meditar

* ¿Dedico un momento de cada día a escuchar la Palabra de Dios?

* ¿Permito que la Escritura cuestione mis decisiones y transforme mi manera de vivir?

* ¿Qué palabra del Señor necesito guardar hoy en mi corazón y llevar a la práctica?

Dios les bendiga siempre.