Un “si” que fue carga

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José Jordi Veras Rodríguez

jordiveras@yahoo.com

Hace poco, leímos una información deportiva y nos dio gusto porque se trataba del velocista dominicano de los 400 metros y ganador olímpico y muchos otros premios, que le merecieron en su momento la gloria y el orgullo de todos nosotros, como dominicanos.

Sin embargo, todo cambió para su familia, él, incluso para el país, cuando fue suspendido por la World Athletics, por haber alterado su edad, cuando contaba con supuestamente 17 años, se redujo la edad, para poder competir en el Campeonato Mundial Junior de Barcelona del 2012 y para que pudiera seguir ganando medallas donde el país no lo había podido lograr, y para entonces, era el cuarto a nivel mundial. 

Acorde a sus declaraciones, en una entrevista concedida al periodista y cronista deportivo, Héctor J. Cruz, en la que le indicó: “Es muy difícil que un muchacho de 16 o 17 años haga algo así sólo. Estamos hablando de documentos, actas, pasaportes, procesos que un joven no maneja. A mí me convencieron de que no iba a pasar nada, de que eso nunca iba a salir a la luz”

Es cuando uno como ser humano, debe pensar en esos ‘si” que otorgamos que posiblemente, no midiendo las consecuencias, se convierten en cargas para nuestras vidas y traen consecuencias muy funestas para nosotros y todos aquellos que están a nuestro alrededor.

En nuestro país estamos acostumbrados a que el cambio de edad, lo hemos “normalizado” como algo que no será descubierto. Y lo vemos en aquellos que en el pasado buscaron visas para salir hacia nuevos horizontes, en el béisbol, y en otros deportes, como el ejemplo de este atleta.

Esto se volvió costumbre por otros ámbitos en los que hemos salido a relucir a nivel internacional, como es el caso de los esteroides y demás. O extrapolando esto también, al fenómeno de la corrupción pública, que el sistema político ha llegado a normalizar y esto todo lo ha degenerado, porque el mal ejemplo también se copia pero con mayor rapidez que el correcto.

Volviendo al caso de Luguelín, indicaba que esta falsedad, mentira y distorsión, lo mantenía en un miedo constante y llegó en momentos a esperar solo el desenlace de que se descubriera para poder descansar de ocultar tal hecho. 

Vivir con el temor de que tarde o temprano serás descubierto por hechos que cometiste, es el lugar donde nadie debe colocarse. No solo por la sanción que recibirás, es por la condena moral o el hecho de que puedas afectar la confianza de quienes te aman y te han respetado por siempre, eso tiene mayor valor.

Otras de las aseveraciones hechas en esa entrevista, en la cual se percibe la liberación interior de alguien que por años, no tenía vida ni gozo, se establece, lo siguiente: “Cuando me llamaron lo acepté de una vez. Eso me estaba matando por dentro. Quería salir de esa carga de una vez”.

Hemos querido exponer este testimonio, sobre todo, para mostrar, que siempre existirán esos caminos fáciles o más cortos hacia un propósito, pero debemos tener cuidado con el ese “si” o aceptación que damos, por presión social, o por ceder ante una infidelidad, o “favor”, por creer que nunca nadie se enterará. Solo tenemos que hacerlo, para que exista la posibilidad. Por esto, siempre debemos estar pidiendo a Dios que nos dé fortaleza para que no nos aleje de su presencia ni su entorno, ni permita que caigamos en la tentación de lo incorrecto.

Todo esto, nos recuerda algo, en Marcos 4:22: “Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz.” 

Cuidémonos ante Dios de esos “si” que pueden convertirse en pesadas cargas.