Ysis Estrella Román
“No los dejaré huérfanos: volveré a ustedes.” (Jn 14,18)
En este sexto domingo de Pascua, Jesús continúa preparando a sus discípulos para el momento de su partida. Ellos sienten temor e incertidumbre ante la posibilidad de quedarse solos. Por eso, el Señor les dirige una promesa llena de ternura: “No los dejaré huérfanos”. Estas palabras revelan el corazón de Cristo, que nunca abandona a quienes ama.
Jesús anuncia la venida del Espíritu Santo, el Defensor, que permanecerá junto a sus discípulos y los sostendrá en la fe. El Espíritu no es una fuerza impersonal, sino la presencia viva de Dios que anima, ilumina y fortalece el corazón del creyente. Gracias a Él, la comunidad cristiana puede permanecer unida y perseverar incluso en medio de las dificultades.
El Señor también recuerda que el amor verdadero se manifiesta en la fidelidad: “Si me aman, guardarán mis mandamientos”. Amar a Cristo no consiste solo en palabras o sentimientos pasajeros. Es vivir según el Evangelio, dejando que sus enseñanzas orienten nuestras decisiones y actitudes cotidianas.
En nuestra vida también experimentamos momentos de soledad, miedo o cansancio espiritual. Sin embargo, el Resucitado continúa cercano. A través del Espíritu Santo, Él sigue acompañando a su Iglesia y actuando en el corazón de quienes se abren a su gracia.
El tiempo pascual nos invita a vivir con la certeza de que Dios permanece con nosotros. No caminamos abandonados. El Espíritu nos sostiene, nos consuela y nos impulsa a seguir adelante con esperanza.
Pidamos al Señor un corazón dócil a la acción del Espíritu Santo. Que aprendamos a vivir en fidelidad al Evangelio y a confiar en la presencia amorosa de Cristo, que nunca deja solos a sus hijos y permanece con nosotros todos los días.
Ánimo.




