José Jordi Veras Rodríguez

Correo: jordiveras@yahoo.com

Cuando vemos casos como el escándalo del Senasa, y la manera en que se jugaron con los recursos del Estado y más propiamente, de la salud de la mayoría de los dominicanos. 

O lo sucedido en el Oncológico del Cibao, donde los pacientes que ahí acuden, van por afecciones de cáncer, y donde también se ha denunciado por las autoridades del mismo, que se malversaron millones de pesos en detrimento de la institución y que por ende, perjudicaron a una gran parte de los pacientes que allí acuden. 

Uno tiene que seguirse preguntando: ¿Cómo es posible que existan personas que hayan hecho gárgaras con los recursos que eran destinados para resolver problemas de salud de otros?

Es ahí donde tenemos que decir, que no todo el mundo está apto para resistir la tentación o para mantener con firmeza su honestidad, responsabilidad y sensibilidad, cuando se trata de manejar recursos ajenos y públicos y de tanta envergadura.

Esto nos recuerda lo que dice en Mateo 4, cuando Jesús resiste las pruebas enviadas por Satanás, en varios pasajes como estos: “Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan. 4  Jesús respondió: —Escrito está: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Y en esta le indica: “Todo esto te daré si te postras y me adoras. 10  —¡Vete, Satanás! —dijo Jesús—. Porque escrito está: “Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él”.

Cuando vemos esto, sabemos que no solo Jesús sufrió las tentaciones y las pudo superar, con la Palabra y fe en su Padre. Así, cada uno de nosotros tenemos las mismas situaciones de tipo económico, lujuria, perversidad, soberbia, envidia, ambición de todo tipo, entre otros. Todo aquello que es capaz de dañar el espíritu más que la propia carne. Aquello que corrompe lo más fundamental, que es donde guardamos nuestra fe y creencias.

Ejemplos como los mencionados más arriba, en los que, el instinto de la tentación brilló más que la decencia y la moralidad. Donde la corrupción cayó de una forma desproporcionada en perjuicio de los más necesitados. Podemos creer, que aún existen mejores muestras de ciudadanos que hacen una labor encomiable y de alto relieve, en favor de la niñez, manejando todo tipo de recursos y hoy son un referente nacional.

Nos referimos a todo el equipo que compone el Voluntariado de Jesús Con Los Niños, la cual tiene como institución casi treinta años dedicados a mejorar la calidad de vida de los infantes del área del Cibao, o sea, de las 14 provincias del Cibao Central y hasta llegar a la frontera, atendiéndolos por sus dolencias contra el cáncer y hasta de diálisis.

El trajinar ha sido arduo, largo, tedioso y sacrificado, sin embargo, haciendo una labor llena de amor y solidaridad, quienes forman parte del mismo, han sabido identificarse, y han contribuido y colaboran de manera constante y continua, para mejorar las condiciones hospitalarias y humanas, de los miles de niños que anualmente acuden al Hospital Regional Universitario, Dr. Arturo Grullón, en búsqueda de mejorar su condición de salud y de vida, así como el sosiego de sus familias.

Son muchos los niños que han podido sonar la campana luego de haber sido diagnosticados como libres de cáncer o de todo peligro. Es la llamada que alegra el corazón de cada voluntaria y voluntario, que con sus esfuerzos, hacen posible día a día, que una sonrisa infantil sea la que prevalezca por encima de las lágrimas de dolor.

Quien hoy asiste al Voluntariado o al Arturo Grullón, podrá ser testigo de lo que es capaz de hacer la mano solidaria y honesta, cuando aquello que prima, es la sensibilidad, solidaridad y honestidad, tanto dando como recibiendo. Es por esto, que es posible hacer una labor que llene de amor y fe a quien ha recibido la mano amiga del Voluntariado y quienes lo componen, y hacerlo con pulcritud y que siga primando la confianza en quienes han dirigido y hoy dirigen el mismo.

El Voluntariado es hoy un referente nacional, y nos sigue recordando que no todo está perdido en este país, que es posible creer en mujeres y hombres, que dedican parte de su tiempo, para hacer mejorar la vida de otros, sin esperar nada a cambio, tan solo, reciprocidad y solidaridad por otros y que es posible hacerlo con pulcritud.