Este 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer. La fecha está revestida de luces y sombras. Con el paso de los años hemos visto crecer la presencia de la mujer en los ámbitos políticos, económicos, empresariales, y educativos. En este renglón, las graduaciones universitarias son la mayor evidencia.


Este avance contrasta con la otra realidad llena del horror que significa ver la cantidad de mujeres que son víctimas de la violencia intrafamiliar, con una secuela de muertes que aterra.

El machismo se ha llenado de odio, llevando a hombres a cometer los crímenes más horrendos contra la mujer a la que un día le prometió y le juró amor.


La mayoría de las veces esas escenas infernales transcurren dentro de la vivienda, un espacio que debería ser sagrado.


Para contrarrestar esta cultura de muerte que crece cada día, se hace urgente implementar una educación basada en el respeto y la igualdad entre hombres y mujeres. Igualdad que debe comenzar desde la niñez, en cada hogar, sabiendo que éste debe ser un lugar de diálogo, compromiso y armonía, en donde papá y mamá tienen que demostrar, con hechos, que su relación es armoniosa.


Recordemos que las palabras conmueven, pero es el ejemplo el que motiva a imitar lo que no nos dicen.

Desde CAMINO esperamos que este 8 de marzo marque el inicio de nuevas actitudes hacia la mujer. Que la violencia doméstica desaparezca. Que se multipliquen las políticas sociales en favor de la mujer, sobre todo, aquellas que viven en los campos y barrios, que muchas veces envejecen, no por el paso de los años, sino por las condiciones de pobreza extrema en que viven.