José Jordi Veras Rodríguez

jordiveras@yahoo.com

Hace unos días inició la Cuaresma, ojalá que para muchos sean momentos de reales transformaciones y del compromiso que cada uno haga con Jesús, quien pudo entregarse por su gran amor hacia cada uno de nosotros. Ojalá, que al final de estos cuarenta días, pueda permanecer en cada uno de los que creen en su Palabra el mismo amor de entrega, solidaridad, y empatía por los demás.

Que esto que hagamos como sacrificio o como entrega a Él, no sea solamente un tiempo, sino que lo hagamos parte de nuestras vidas. Que todo cuanto realicemos en estos cuarenta días, nos quede impregnado y nos permita seguir afianzando nuestra transformación como seres humanos.

Que este tiempo de conversión, nos permita despertar desde la conciencia tantos buenos sentimientos, que demuestren respeto, cariño, buen trato, consideración y mayor sensibilidad.

Que no dejemos que la prisa con la que nos quiere obligar esta vida a vivirla, nos haga olvidar quién siempre estará en primer lugar y que será todo aquello que venga por añadidura. 

Que sepamos priorizar, que sin su presencia no habrá posibilidad de mantenernos firmes en la fe, la convicción, entereza y decisión. Porque es a través de todo esto, que podremos enfrentar lo que busca alejarnos de su amparo y derrotarnos en nuestras metas y propósitos.

Esta sociedad requiere de mujeres y hombres que tiendan más a la buena convivencia. A que exista un mayor respeto entre las personas y que se evite la actitud violenta que estamos viendo y palpando en las calles. 

Que podamos crecer como país, bajo un esquema de mayor crecimiento espiritual que material. Que alejemos aún más el tema de normalizar todo tipo de actitud de impunidad y de corrupción. 

A propósito, aprovechamos algo que recibimos durante la semana, con motivo de la Cuaresma: 

“Señor Jesús: “En este día, me invitas a asumir las responsabilidades diarias y a seguirte. No deseo evadir el sacrificio que purifica el corazón ni el esfuerzo que moldea mi alma. Anhelo aceptar con serenidad aquello que, unido a Ti, puede transformarse en vida, gracia y esperanza”.

“Enséñame a confiar cuando el camino se vuelve exigente, a mantener la esperanza cuando el ánimo decaiga, y a descubrir que, en cada renuncia ofrecida con amor, Tú estás obrando algo más grande de lo que puedo comprender”.

“Que esta Cuaresma no sea simplemente un período transitorio, sino un encuentro genuino contigo”.