¿Quién está educando al Pueblo? La resurrección de Lázaro

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La resurrección de Láza­ro, nos viene en estos mo­mentos como el anillo al dedo. La historia de Lázaro, es una historia interesantísima, el era muy amigo de Jesús, y estaba enfermo, y por más que le avisaron las hermanas de su enfermedad, el prefirió ir después de varios días. Y les dice a sus discípulos: “Lázaro, nuestro amigo está dormido, voy a despertarlo.” Ya Lázaro lle­vaba ya 4 días de enterrado.

Al llegar cerca de la casa, Marta salió a su encuentro y le dijo: “Señor, si hubieras  estado aquí no habría  muerto mi hermano. Pero, aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Sé que resucitará en el último día”. Jesús le dice: “Yo soy la resurrección  y la vida; en que cree en mí aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en Mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?”  Ella contestó: “Si Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.

Este Evangelio tiene muchos bemoles: Primero ellas reconocían a Jesús como el Hijo de Dios, como el Mesías, el que iba a venir al mundo. Jesús lo resucita, para que sus discípulos, se dieran cuenta que El es capaz de resucitar hasta a un muerto. Y lo hizo entonces para “la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.”

El insistió en volver a Judea, a pesar de que los judíos lo habían intentado apedrear. Corría todos los riesgos, sin importar. Pero, lo que más me llama la atención es:

La oración que hace Jesús delante de la cavidad cubierta con una losa, donde habían enterrado a Lázaro es preciosa, es la oración de un hijo que sabe que Su Padre lo escuchará, esa confianza y humildad de Él ante Su Padre.

“Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero, lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Y dicho esto, gritó con voz potente: “Lázaro, ven fuera”. El muerto salió, los pies y las manos atadas con vendas, y la cara en­vuelta en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo y déjenlo andar.”  Y muchos judíos que habían venido a casa de Marta, al ver lo que  había hecho Jesús, creyeron en Él.

En estos momentos que estamos viviendo de una Pandemia Mundial, debería­mos reflexionar en este Evangelio: Primero, reconocer que  Jesús es el Hijo de Dios, y El realiza el milagro cuando El lo prefiere. No somos nosotros quienes debemos “obligar” a Dios que haga el milagro. El solamente sabe que es lo que necesitamos y cuando.

Yo hace años aprendí, que Dios siempre perdona, el hombre a veces perdona, pero la naturaleza NUNCA  perdona, y lo que este “mundo” le ha ocasionado a esta naturaleza no es poco.

Ojalá que ese tiempo de  preparación para la Pascua del Señor nos sirva para poder recibirlo limpio de pecados y reconociéndonos necesitados del amor de Dios ahora y siempre.-