Palabras incómodas

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En Lucas 4, 21 – 30, Jesús incomoda a hombres y mujeres muy seguros de su valer.  Jesús atacó su cómodo nacionalismo arrogante, citándoles los ejemplos de Elías y Eliseo, que actuaron a favor de ex­tranjeros. Luego querían despeñar a Jesús por un barranco.

Los pueblos del Caribe somos pueblos simpáticos. Llegan los ­turistas y se encantan con nuestro sol en el cielo y el calor humano domi­nicano en el suelo. Pero hemos de reconocer con sinceridad que aquí hay millones de ciudadanos que mal viven en los infiernos de los barrios marginados, los campos olvidados y nuestra capital caótica de la cual se fuga todo el que puede cada viernes.

Somos gente simpática, pero nos falta responsabilidad social. Se eva­den impuestos y el rendir cuentas de cómo se gastan. Alegremente ignoramos los montones de basura y los criaderos de mosquitos. Nues­tras calles y carreteras están plaga­das de choferes violentos e irres­ponsables. Podemos exportar candidatos verbosos, pero nos faltan ciudadanos que quieran enfrentar nuestras necesidades sociales.

Hace más de 50 años, los Obis­pos del mundo reunidos en el Vati­cano II, nos lanzaron como Jesús estas palabras incómodas: “Hay quienes profesan amplias y gene­rosas opiniones, pero en realidad viven siempre como si nunca tuvie­ran cuidado alguno de las necesidades sociales. No solo esto; en va­rios países son muchos los que menosprecian las leyes y las normas sociales. No pocos, con diversos subterfugios y fraudes, no tie­nen reparo en soslayar los impues­tos justos u otros deberes para con la sociedad. Algunos subestiman ciertas normas de la vida social; por ejemplo, las referentes a la higiene o las normas de la circulación, sin preocuparse de que su descuido pone en peligro la vida propia y la vida del prójimo.” (La Iglesia en el Mundo Actual, No. 30.)

Queda mucho año por delante, apliquémonos estas palabras incómodas.