No esperemos que sea tarde

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Al mirar los cons­tantes operativos y desmantelamientos de bandas de narcotraficantes realizados por las instituciones que en nuestro país luchan contra el tráfico y consumo de drogas, nos damos cuenta de lo avanzado que va este cáncer social en nuestro pueblo. Las raíces ya son profundas, y los puntos de venta en nuestros ­ba­rrios, y hasta en los campos más apartados, se cuentan por centenares. Y hay denuncias muy graves del conocimiento de algunas autoridades sobre esta realidad, y que están haciendo muy poco para erradicarlos.

Frente a este gran pro­blema que ha llenado de violencia y miedo a va­rios países latinoamericanos, es bueno recordar lo que nos dice el Papa Francisco cuando afirma.

“Las drogas son una herida en nuestra socie­dad, que atrapa a muchas personas en sus redes. Son víctimas que han perdido su libertad a cambio de esta esclavitud, de una dependencia que podemos llamar quí­mica”.

Ante esta dolorosa situación, hacemos un llamado a las autoridades para que tomen las medidas necesarias frente a este fenómeno que amenaza nuestra estabilidad como nación.

Es hora de aplicar la ley a quienes han hecho del dinero su dios, a base de la destrucción de tantas vidas, sobre todo de jóvenes que cayeron en la trampa de este vicio.

Hay que sancionar ejemplarmente a quienes se hacen cómplices de los narcotraficantes.

Recordemos que el pasmo con tiempo tiene remedio.